25 oct. 2016

Iglesia Románica de San Miguel de Eiré, en Pantón. Provincia de Lugo. (II) Interior.


Visitamos en el municipio de Pantón, en plena Ribeira Sacra lucense, la Iglesia Románica de San Miguel de Eiré, del último cuarto del siglo XII, la única parte que ha llegado hasta hoy de un antiguo monasterio benedictino femenino.

En esta Parte II vamos a ver el interior de la iglesia. Destacamos los capiteles de los arcos de la nave y del ábside, las pinturas murales del mismo ábside, que se cree que son del siglo XVI, la arquería del muro sur, con la ventana geminada prerrománica y las imágenes de Santiago y San Miguel, las tres pilas bautismales, el coro de madera, los canecillos que sostienen la cubierta...



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Coordenadas de situación de Pantón en Galicia. Amplíe el mapa y llegará a la Iglesia Románica de San Miguel de Eiré: 42.518289, -7.647805


Nota: Los textos en cursiva han sido extraídos de la Tesis Doctoral de la Profesora Dª Teresa Claudina Moure Pena, que lleva por título: Los Monasterios Benedictinos Femeninos en Galicia en la Baja Edad Media: Arquitectura y Escultura Monumental (pags. 71 a 108), año 2015. La autora es Licenciada en Geografía e Historia (Universidad de Santiago de Compostela). Especialidad de Historia del Arte Antigua y Medieval y de Museología.


Iniciamos la visita, pues y entramos en la iglesia por su puerta norte. Reparamos en dos pilas bautismales, dos de las tres que hay en la iglesia y que más tarde veremos con más detalle.



Nave de la iglesia. El sol entra a raudales en esta mañana de mayo.



Palabras de la autora:

La nave se encuentra dividida interiormente en dos tramos rectangulares de desigual longitud; el primero de planta rectangular y el segundo un falso crucero, de sección cuadrangular que no destaca en planta y que constituye un elemento estructural de significada relevancia y calidad, tanto por su concepción como por su realización. Este tipo de configuración arquitectónica constituye una excepcionalidad en el horizonte de la arquitectura románica galaica.

Los planteamientos planimétricos y estructurales revelan su débito con concepciones arquitectónicas románicas castellano-leonesas acuñadas por una serie de edificios que, desde la primera mitad del siglo XII, establecen un modelo de templo de nave única que destaca en proporción y alzado el tramo de la nave que antecede a la cabecera.

Muro sur.



Los paramentos norte y sur de este tramo presentan ciertas asimetrías en cuanto a su articulación vertical; en el paramento meridional (muro sur) se abre una doble arquería ciega de medio punto, a modo de hornacinas pareadas, que apea en una recia pilastra central rematada en un gran capitel vegetal de volutas.



Al hacer el repaso histórico que hemos visto en la Parte I, dedicada al exterior de la iglesia (Click Aquí), la autora hacía los siguientes comentarios sobre esta ventana geminada que vemos:

...las referencias documentales a que hemos hecho mención se complementan con el aporte arqueológico de una pequeña ventana geminada con doble arco de herradura sobre aljimez de sencilla y rudimentaria traza semejante a las ventanas mozárabes conservadas en otros templos gallegos. Dicha pieza se conserva actualmente en el interior del templo, a donde fue trasladada desde la portada occidental en la que se hallaba empotrada en una puerta cegada que daba acceso al edificio.

Este resto arqueológico es de gran interés, ya que permite retrotraer con cierta seguridad la existencia de actividad en el lugar desde, al menos, los comienzos del siglo X. Quizás, no podemos asegurarlo, se tratase de unas dependencias monásticas modestas aunque suficientes para emprender el proyecto de vida en comunidad y un oratorio o capilla destinada a los actos litúrgicos.



El gran capitel vegetal de volutas que remata la pilastra.



Imagen de San Miguel.



Imagen de Santiago.



Muro norte.



En cuanto al paramento septentrional (muro norte), aquí se abre una sencilla y elegante portada de medio punto en la que destacan las dovelas del arco grabadas con letras que posiblemente correspondan con las marcas de montaje que sirvieron para numerar las piezas en función del arco al que correspondían y a su ubicación; el conjunto se ciñe con una chambrana de billetes organizados en tres bandas.



Da paso desde este tramo al crucero un extraordinario arco de medio punto doblado y de sección rectangular sobre recios machones con unas semicolumnas adosadas en su frente cortadas a media altura.

Lo vemos desde debajo del arco triunfal, mirando hacia la puerta occidental, el coro y, a la derecha, la puerta por la que hemos entrado.



La inusual potencia de este arco solo en parte se explica por la torre que carga sobre él. Eiré sigue en líneas generales el mismo planteamiento constructivo que adoptan los templos burgaleses de similar tipología en la configuración de acceso al crucero.

Siguiendo las estrictas normas que regían la organización del espacio eclesial monástico podemos pensar que este crucero-anteábside hubiese hecho las funciones de coro destinado a las monjas. El espacio se ajustaría perfectamente a un pequeño monasterio ruralizado integrado por una comunidad religiosa que debía de ser bastante reducida.

Muro norte. Machón y la semicolumna de este lado.



La única entrada de luz la constituyen dos saeteras rodeadas de arco de medio punto abiertas en la parte alta de cada uno de los paramentos por lo que el espacio interior resulta lúgubre, sensación acentuada por lo macizo de la arquitectura.



Capítulo aparte merece, por el mayor esfuerzo decorativo, la figuración de los capiteles y de manera destacada los del interior del templo donde los toques de exotismo y originalidad se ven realzados con toda una serie de caprichos plásticos. Nos referimos al inusual juego polícromo que se establece con la alternancia de diferentes materiales –granito fino de tonalidad blanquecina para los elementos que van a recibir tratamiento escultórico y granito oscuro de grano grueso para los elementos arquitectónicos-.



Capitel: Tres leones afrontados. Sobre los animales un tallo ramificado que remata en hojas de perfil palmeado y en los ángulos rosetas muy estilizadas.



Semicolumna adosada cortada a media altura.



El machón y la semicolumna del muro sur.



Capitel: Composición vegetal de hojas cóncavas rematadas en volutas divergentes cobijando cabeza masculinas barbadas invertidas. Entra las dos hojas brota un tallo que se ramifica formando un entramado de hojas en el centro y parte alta de la cesta proyectándose hacia las caras laterales.



La semicolumna de este lado sur.



El engarce entre el ábside y el crucero se soluciona mediante un extraordinario arco triunfal de gran sobriedad articulado en cuatro roscas de medio punto. Lo vemos desde lo alto del coro.



Arco triunfal, lado sur.




Capiteles. Derecha: Composición de piñas dispuestas en un único piso.

Izquierda: Composición vegetal; hojas pegadas a la cesta con nervio marcando. En la parte superior rematan en volutas divergentes proyectándose hacia el exterior. Desde el collarino brotan una serie de tallos sugeridos en bajorrelieve que se ramifican en hojas de perfil palmeado.




Capiteles del arco triunfal, lado norte. Izquierda: Composición de piñas dispuestas en un único piso.

Derecha: Composición vegetal en bajo relieve rematada en un juego de volutas divergentes de gran plasticidad que se proyectan hacia el exterior quedando unidas a la base de la cesta por un grueso apéndice.



Un tramo recto de escasa longitud precede al ábside. Este tramo se cubre con una bóveda de cañón generada por el arco triunfal de medio punto y reforzada por un arco fajón que apea en dos semicolumnas. Los vanos abiertos en los muros laterales del tramo manifiestan la misma tipología que los del cuerpo de la nave, enmarcados por arco de medio punto y totalmente desprovistos de ornamentación.

Lado sur.



Lado norte.



La bóveda de cañón a la que se refiere la autora.



Tras el tramo se abre el ábside de planta semicircular, una gruesa moldura desprovista de ornamentación a modo de imposta recorre todo el perímetro y ordena la articulación muraria en dos cuerpos de desigual altura.

Esta moldura sirve de apeo a los tres vanos; de escasa luz y enmarcados por un arco de medio punto. Se cubre el espacio con una bóveda semicircular de cuarto de esfera.

Capiteles del arco toral (separa la parte del ábside recta de la semicircular).

Lado sur: Composición de hojas albergando piñas. Del collarino brotan tallos ramificados formando un entramado laberíntico y abriéndose en hojas muy estilizadas que rematan en rosetas.



Lado norte: Composición de doble piso de voluminosas piñas.



Pinturas del ábside. Se cree que son del siglo XVI.







Ahora nos dirigimos hacia la parte contraria al ábside, la puerta occidental.



Esta pila bautismal se encuentra situadas en la esquina noroeste de la iglesia, junto con otra de menor tamaño. Son las dos primeras a las que alude la autora en la explicación acerca de las mismas.



En el interior del templo se conservan tres pilas bautismales ubicadas a los pies de la nave; dos junto al muro norte y una tercera junto a las arquerías ciegas del paramento meridional.

La más monumental es un curioso ejemplar de pila bautismal de traza románica situada en el fondo de la nave bajo el coro, alzada sobre un basamento cuadrado bastante deteriorado, sospecho que de factura reciente, sobre el que se asienta una copa semiesférica de 120 cm de diámetro por 75 de altura. La copa está decorada con una cenefa delimitada por molduras sogueadas y donde se tallaron lises, cruces griegas, vieiras y un castillo.

La singularidad ornamental de la pila bautismal de Eiré la convierte, sin duda, en un ejemplar excepcional.

Respecto a las significaciones bautismales de la ornamentación, podemos precisar que los motivos decorativos que exhibe la copa bautismal de Eiré son bastante recurrentes en los repertorios iconográficos bautismales del románico castellano.



Sin duda, el motivo más excepcional es la representación del castillo: torreones horadados con ventanas, con un estilo similar al de las fortalezas es característico de las pilas castellanas y más concretamente con tipología de tres torres y ventanales góticos son característicos en la decoración de las pilas bautismales alavesas del siglo XII.

La flor de lis es un motivo frecuente en las pilas bautismales románicas, y aunque su verdadero significado en el occidente cristiano resulta difícil de determinar, la aceptación más extendida es considerarla imagen de la castidad y la pureza.

Por lo que respecta a la significación de la venera, es evidente su vinculación con el sacramento bautismal desde el momento en que al tratarse de un elemento acuático se relaciona con la acción purificadora del agua.

La presencia conjunta de la fortaleza, la flor de lis, las tetrapétalas y la venera, parece trasmitir un mensaje de nueva vida, por un hombre nuevo purificado por las aguas de la vida y que alcanzará la Nueva Ciudad del Cielo.



Junto a esta pila se conserva otra de menor tamaño (60 x 40 cm) alzada sobre un pie de factura reciente sobre el que se asienta una copa semiesférica de factura tosca desprovista de ornamentación y muy erosionada. Su estado de conservación es sintomático de una primitiva ubicación al aire libre donde los rigores y la inclemencia del tiempo habrían sido los responsables del deterioro que ofrece hoy en día.

Una tercera pila, de menor tamaño y más esbelta, se localiza junto a las arquerías ciegas del muro sur. Se encuentra fragmentada, y todo indica que únicamente la copa y parte del pie se corresponden con la primitiva pieza.



Se alza sobre un fragmento de columna acodillada con basa clásica sobre un elevado plinto de sección cuadrangular ornado con una secuencia de arquerías de medio punto. Desconocemos cual sería su primitiva ubicación. Podemos conjeturar que dicha columna hubiese formado parte de las desaparecidas estancias claustrales. Sobre ella se asienta lo que queda de la primitiva pila bautismal de traza románica; sobre un pie se alza la copa semicircular (22 cm x 25 cm) ornamentada con una ancha cenefa de rombos.



Seguidamente una breve reflexión de la autora sobre : Filiación estilística y maestros:

Tras analizar el programa escultórico del templo podemos individualizar al menos dos facturas dentro del taller. Se aprecia la obra de un maestro principal de rica inventiva, talento y originalidad que podemos conjeturar se trate del Maestro Pedro que rúbrica como autor de uno de los canecillos de la cabecera y al que podemos atribuir la mayor parte del programa figurativo – capiteles del interior, el conjunto escultórico del exterior de la cabecera, portada septentrional y canecillos- y un segundo maestro con un estilo menos brillante y formado en la tradición local que se atribuiría los capiteles de la torre y del hastial occidental.

Arco de medio punto de la puerta oeste.



Puerta oeste.



Desde la puerta oeste vemos el coro, de madera.



La nave, construida en sillería perfectamente despiezada, como ya señalamos, se articula en dos tramos de desiguales dimensiones. El primer tramo se encuentra cubierto por una sencilla techumbre de madera apoyada en una serie de canecillos.



Respecto al primigenio sistema de cubierta, todo lleva a sospechar que el proyecto original contemplaba una cubrición con techumbre de madera de manera similar a la actual, así lo confirmaría la presencia de los canecillos y la ausencia de estribos externos a manera de contrafuertes.



A manera de recapitulación, San Miguel de Eiré es, sin lugar a dudas, uno de los edificios más notables y enigmáticos del románico lucense y galaico. Aquí convergen elementos propios del léxico románico maduro de tierras castellano-leonesas, presente en su tipología, en los volúmenes, formas y conceptos espaciales y estéticos que hemos visto en no pocos monumentos del espacio burgalés edificados en la segunda mitad del siglo XII con el léxico tradicional galaico.

No podemos concluir este acercamiento al templo sin hacer una propuesta de posibles fechas en las que se llevó a cabo la construcción. Quienes nos han precedido en el estudio de San Miguel de Eiré coinciden en señalar una cronología cercana al último cuarto del siglo XII.

No ha de ser, pues, anterior a estas fechas la edificación de San Miguel de Eiré, sobre todo si a estos precedentes sumamos que en algunas concepciones estructurales y ornamentales se percibe cierto eco de la cabecera abacial de San Salvador de Ferreira, obra fechada en torno a los años 1175-1180, lo que vendría a confirmar la construcción en torno a las últimas décadas de la duodécima centuria.



Ha llegado el momento de concluir la visita a la Iglesia Románica de San Miguel de Eiré, en plena Ribeira Sacra, en Pantón, provincia de Lugo.

Fin.


2 comentarios:

  1. Estamos utilizando tu blog en nuestra clase de Informatica (Creacion de Blog) como muestra pues nos ha gustado mucho
    La clase es en el Universidad Senior de La Coruña
    Un saludo

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  2. Hola Chele, es un honor que utilicéis el blog. saludos a todos en la Universidad Senior de La Coruña.

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