20 jun. 2018

Iglesia Románica de San Fiz de Cangas. Parte 2: Interior. En Pantón, Ribeira Sacra.


Visitamos Pantón, una vez más. Hoy veremos la iglesia de San Fiz de Cangas. Aquí hubo un monasterio benedictino femenino que ya está documentado a principios del siglo XII (1108). La iglesia se empezó a construir a finales del siglo XII y continuó durante el siglo XIII, obedece, pues, a dos momentos estéticos, el románico y el gótico pleno. Posteriormente experimentó importantes transformaciones a lo largo de los siglos.


En esta Parte 2 veremos el interior. El coro de madera, la nave y su capillita del muro sur; los tres arcos de acceso al transepto con sus bóvedas de crucería; la capilla mayor; el ábside sur, el del norte, sustituido en el siglo XVII por la actual capilla de los Torre Novaes, con sepulcros y lápidas; la sacristía, añadida en el s. XIX. Pinturas murales; las tres pilas bautismales...

Click Aquí para ver la Parte 1: Fachadas exteriores e historia.



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Coordenadas de situación de Pantón en Galicia. Amplíe el mapa y llegará a la iglesia de San Fiz de Cangas: 42.486564, -7.641066


Nota: Los textos en cursiva han sido extraídos de la Tesis Doctoral de la Profesora Dª Teresa Claudina Moure Pena, que lleva por título: Los Monasterios Benedictinos Femeninos en Galicia en la Baja Edad Media: Arquitectura y Escultura Monumental, año 2015. La autora es Licenciada en Geografía e Historia (Universidad de Santiago de Compostela). Especialidad de Historia del Arte Antigua y Medieval y de Museología.


Entramos en la iglesia por la portada norte.




Nos dirigimos a la parte de la portada principal, parte oeste, debajo del coro.




A la izquierda de la imagen, bajo la escalera de acceso al coro vemos una de las tres pilas bautismales.






Miramos hacia la puerta norte por la que hemos entrado. Las luces en la parte de la nave y cabecera permanecen apagadas.




Cinco minutos más tarde se hace la luz.



Ahora leemos atentamente la explicación de la prof. Moure, en cursiva, como de costumbre:


Respecto a la nave, todo parece indicar que el resultado debió ser un cuerpo de tres naves separadas espacialmente por una sucesión de arcos y columnas en sentido longitudinal. Esta hipótesis la confirman los escasos restos arqueológicos conservados atribuibles al cuerpo de la nave.



Nos encontraríamos así ante una ambiciosa fábrica que destaca del resto de sus compañeras vecinas, ya que la estructura de tres naves es algo que hasta la fecha se venía reservando a construcciones catedralicias o monásticas de cierta entidad, y normalmente a construcciones monásticas benedictinas masculinas; San Julian de Moraime, Santa María de Mezonzo, Santo Tomé de Monteagudo, San Vicente de Pombeiro o San Esteban de Ribas de Sil son buen ejemplo al respecto, a los que se suma como una excepcionalidad la también femenina benedictina de San Pedro de Ramirás.



Nos consta que las comunidades de monjas nunca tuvieron grandes necesidades espaciales, siendo frecuente que sus templos se edificasen con una única nave un solo ábside y un crucero que no adquiere un gran desarrollo o simplemente no se acusa de ninguna manera, como podemos ver en la mayoría de los templos monásticos benedictinos femeninos gallegos de época medieval.


La excepcionalidad de San Fiz de Cangas debe verse en el marco de un potencial empuje económico posible gracias al apoyo de los señores locales y las donaciones que posibilitarían un proyecto ambicioso. Obviamente esta saneada economía entró en periodos de crisis que llevaron a que el proceso constructivo se fuese dilatando en el tiempo.


El cuerpo de nave que observamos hoy en día es fruto de las reedificaciones que el inmueble experimentó a lo largo de los últimos tres siglos.




Vamos a ver ahora la capilla del muro sur de la nave, que contiene una serie de elementos de gran interés.



En 1819 se habría procedido a reedificar la totalidad del muro sur. Quizá en esta misma campaña reconstructiva, o en un momento inmediatamente posterior, y justificada por necesidades litúrgicas se construyese la pequeña capilla abierta en el paramento meridional (el muro sur) adosada al transepto y donde hoy se ubica la magnífica pila bautismal románica.



Entramos en la capilla y miramos a la izquierda. Es víspera de Reyes y el Belén se puede ver en este arcosolio. A ambos lados del mismo están las dos inscripciones a las que se refierirá la autora a continuación.


Tal como hemos visto en la Parte 1 (Click Aquí) la autora nos explicaba como en el siglo XVI la iglesia se estaba deteriorando, por lo que se acometieron reformas. Entre ellas la construcción de altares y capillas, abiertas en los muros laterales de la nave. Continuamos con las palabras de la prof. Moure:


Por desgracia no poseemos noticia alguna de estas construcciones a excepción de una serie de testimonios epigráficos conservados. Actualmente se encuentran encajados en uno de los lienzos de la capilla abierta en el paramento meridional del templo y donde fueron reubicados tras las obras de reedificación de la nave llevadas a cabo en el siglo XIX.




Dichos epígrafes confirman la financiación y posible edificación de capillas al tiempo que proporcionan valiosos datos sobre sus promotores y fecha de fundación. La primera inscripción deja constancia de las concesiones realizadas por el clérigo don Pedro Fernández de Sesnande en el año 1577 a una de las primitivas capillas.


El texto se desarrolla en tres registros horizontales aunque todo indica que alcanzaba un mayor desarrollo y en ella se hace constar que:


EN EL ANO : 1:5:7.7: PEDRO/
FR(enand)E DE SESNANDE: CL(er)IGO: CO/ MISO: DEL: S(an)TO: OFF(ici)O: 130
ESTA. CAPILLA/
SU COSTA CON LIC(enci)A DEL ORDENO I SE LE EN/ CARGA LA CON(ed)A CADA
TRES A(n)OS P(ar)A ESI SE CUMPLE (…)



A su lado se encuentra reubicada otra inscripción perteneciente al mismo benefactor, muy fragmentada, en la que también se recogen ciertas mandas. En epígrafe desarrollado en cinco registros expone lo siguiente:


[--- ESTA CAP(ill)A SEA
[--- SE UNA MISA CA(DA)
(s) EMANA PA(ra) SI P(o)R Q(ue)
[--- SA LO DE COMPLIR EL S[---
[--- DE LA POUSA DE SESNANDE





En el interior del templo se conservan tres pilas bautismales ubicadas en el cuerpo de la nave; una de ellas se sitúa a los pies del templo próxima a la portada occidental; otra junto a la portada septentrional y una tercera en el interior de la pequeña capilla abierta en el paramento meridional de la nave.


Esta última es sin duda la más excepcional de los tres ejemplares. Se trata de una pila elevada sobre un pie con basa moldurada en dos toros superpuestos sobre plinto rectangular y copa semiesférica. La copa se decora con una cenefa inferior de aristas verticales en resalte y una cenefa superior de dientes de sierra enmarcada por otras dos orlas de sogueado.


El diseño de esta pila bautismal es claramente deudor de una tipología de pila bautismal propia del estilo románico santanderino y burgalés.




Salimos de la capilla.




Vamos a ver ahora los tres arcos de acceso al transepto (o crucero):


El acceso al transepto se realiza a través de tres arcos de medio punto doblados y de sección rectangular. El arco central exhibe la misma luz que el arco de ingreso a la capilla mayor mientras que los laterales ofrecen una luz menor. Apea el arco central sobre semicolumnas adosadas a dos recios machones a los que se adosan también las semicolumnas que recogen los arcos laterales.




Uno de los recios machones, el que está entre el arco central y el arco norte (el de la izquierda).




Elevamos la vista y llegamos a ver esta linea de imposta con decoración de ajedrezado, que recorre el espacio entre el capitel izquierdo del arco central y el de la derecha del arco norte.




Arco norte.




Capiteles, de temática vegetal.




Volvemos al arco central.




Semicolumna adosada al recio machón.




Capitel esculpido con temática figurativa; pareja de animales con cabeza común afrontados en el ángulo del soporte.




El otro recio machón, el que separa el arco central del sur.




El capitel de este lado es idéntico al del lado contrario: temática figurativa; pareja de animales con cabeza común afrontados en el ángulo del soporte.




Aquí vemos la linea de imposta con decoración de ajedrezado semejante a la que hemos visto algo más arriba.




Y llegamos al arco sur, el de la derecha.




Los capiteles tienen temática vegetal, como los del arco norte.




Precede a la cabecera un amplio transepto de planta rectangular y articulado en tres tramos de la misma anchura que las capillas a las que preceden y separados por arco de medio punto que apean en semicolumnas adosadas a los frentes de los paramentos de cierre de las capillas e interrumpidas a media altura por una cenefa ornada con ajederezado.


Parte sur del transepto, bóveda.




Parte norte.




Bóveda de crucería de la parte central del transepto.





Ábside sur.


Adyacente a la capilla mayor se abre una pequeña capilla meridional muy discreta en cuanto a los planteamientos arquitectónicos; se articula en un único tramo de planta rectangular y testero recto al que se accede a través de un arco de medio punto doblado que apea sobre columnas que están cortadas a media altura.




El espacio se cubre con una bóveda de cañón generada por el arco de medio punto y le sirve de arranque una imposta ornada con el motivo de ajedrezado organizado en tres bandas. La misma solución presenta la embocadura de la desaparecida capilla septentrional para la que podemos conjeturar una planimetría análoga.




Los capiteles.


El capitel del lado del Evangelio (izquierda) de la capilla meridional se decora con una composición figurativa; dos leones ocupando las caras laterales y uno de ellos atacando a una serpiente.




El capitel situado enfrente se ornamenta también con dos leones situados en las caras laterales acosan a un pájaro situado en el centro.




Vista desde aquí del transepto, la nave y la puerta norte, por la que hemos accedido a la iglesia.




El retablo de esta capilla sur.




La capilla mayor se compone de tramo presbiterial coronado por un ábside internamente semicircular, pero que al exterior se manifiesta pentagonal –este espacio se encuentra actualmente oculto por un retablo barroco-. El acceso a este espacio se articula mediante un sencillo arco triunfal de medio punto doblado en arista viva que apea en columnas entregas de fuste despiezado.




El tramo presbiterial se cubre con una bóveda de cañón generada por el arco triunfal de medio punto y reforzada por el arco fajón, también de medio punto, que apea en dos semicolumnas.


Corona el espacio un ábside que muestra al interior planta semicircular y cubierto por una bóveda de horno que queda actualmente oculto por la colocación de un gran retablo barroco de tipo frontal.




Parte del presbiterio norte, o izquierda o del Evangelio, columnas y capiteles que sostienen el arco triunfal (izquierda) y el fajón.


El capitel del lado del Evangelio de la capilla mayor sobre el que se apean el arco triunfal se ornamenta con cinco hojas pegadas a la cesta que alcanzan la parte alta del soporte donde se proyecta hacia el exterior con notable plasticidad.




Parte sur del presbiterio.


El capitel del lado de la Epístola sobre el que apea el arco triunfal se decora con una composición vegetal de cinco hojas lisas, de mayor tamaño las angulares, que cubren la superficie del soporte proyectándose hacia el exterior en la parte alta. Sobre las hojas se dispone una serie de pomas y piñas.




El capitel del arco fajón del lado del Evangelio se decora con otra composición vegetal; doble fila de hojas lisas y picudas, más grandes las de la fila inferior.




Imágenes y capitel del arco fajón, sur.




El paralelo del capitel anterior se decora con una composición figurativa; se representan dos parejas de cuadrúpedos con cabeza común afrontados en los ángulos de la cesta. Sobre ellos y ocupando el centro de la cara principal se dispone una cabeza de rasgos grotescos.




Retablo mayor.









Ahora continuamos la visita en la capilla de la parte norte, pero antes vamos a fijarnos en las pinturas murales, a la derecha de la imagen, entre la capilla mayor y la citada capilla norte.




En el transcurso de las obras de restauración (en 1989, ver Parte 1), el desencalado de los paramentos permitió localizar un interesante ciclo pictórico en el que se narra el martirio de San Esteban, representado en la embocadura de la cabecera, y en el frente del paramento que separa la capilla mayor de la capilla septentrional.






Parte norte del crucero, la sacristía. A la derecha asoma la capilla norte.




Y llegamos por fin a la capilla norte, capilla de los Torre Novaes. Una vista en redondo.



A lo largo del siglo XVI destacados miembros de la nobleza local impondrán su derecho a enterrarse en el interior del templo monástico, que se convertirá ahora en uno de los principales escenarios de enterramiento.


Es un hecho constatado que a lo largo del siglo XVII seguiremos asistiendo al progresivo acaparamiento del interior del templo con enterramientos de miembros de la nobleza.


Así, a comienzos de dicha centuria don Rodrigo López de Quiroga conde de Torre Novaes por su afán de tener una notoriedad permanente en la eternidad proyecta su propio espacio funerario en una zona bien visible del templo, contribuyendo con ello a romper la unidad arquitectónica del conjunto y la regularidad de su fisonomía original.



El empeño que este noble puso en conseguirse un espacio funerario propio adecuado a las nuevas tendencias del momento le llevó a alterar la unidad compositiva del templo desmantelando el primitivo ábside del lado del Evangelio y edificando en este espacio una capilla funeraria con acceso a la nave.




Columna y capitel norte del arco de acceso a la capilla:


El capitel del lado del Evangelio de la embocadura de la desaparecida capilla septentrional se ornamenta con una composición vegetal mediante dos grandes hojas de agua con nervio central hendido y rematadas en pequeñas pomas. Una cabeza de animal centra la composición en la parte alta de la cara central situada entre las dos hojas.




Columna y capitel sur.



El capitel del lado de la Epístola se decora con una composición de dos pisos de voluminosas piñas ocupando toda la cesta.




Casi bajo el arco de entrada vemos estas lápidas en el suelo de la capilla.







El retablo y el escudo que hay sobre el mismo.






Bóveda de la capilla.




Sarcófago, estatua de don Rodrigo López de Quiroga, conde de Torre Novaes, escudo, en la pared norte de la capilla.







Pared sur de la capilla, escudo y sepulcros.




La autora se refiere a los sepulcros:


...dos efigies yacentes pertenecientes a sepulcros parietales que se conservaban en el atrio de la iglesia expuestos a los rigores del tiempo y que fueron rescatados por Chamoso Lamas en los años de 1970 a raíz de sus investigaciones sobre la escultura funeraria en Galicia y reubicados en el interior de la capilla funeraria de los Torre Novaes.


Dichas efigies pertenecen a los sepulcros de don Gómez Ares de Mosquera y a su esposa doña Guiomar Menéndez de Noia; desconocemos la primitiva ubicación de estos sepulcros, posiblemente bajo un arcosolio abierto en los muros perimetrales del templo próximos al presbiterio o en la misma cabecera de la iglesia, zona reservada a personajes de elevada posición social o religiosa.







El final de la visita está próximo. Nos dirigimos otra vez a la parte de la puerta principal, pero antes hemos de fijarnos en esta imagen, al lado de la puerta de acceso a la sacristía.




También en las lápidas de la imagen en el suelo de la parte norte del transepto, también al lado del acceso a la sacristía.




Antes de marchar, subimos al coro, de madera, sostenido por dos columnas.






Desde lo alto del coro.




Las luces se han apagado, la iglesia de San Fiz de Cangas está casi a oscuras.






Fin.


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