25 jul. 2018

Exposición In Tempore Sueborum. Ourense. Parte II: Iglesia de Santa María Nai. Capítulo 5.


En Ourense se celebró la exposición: In Tempore Sueborum. El tiempo de los Suevos en la Gallaecia (411-585). El primer reino medieval de occidente. Tuvo lugar entre el 15 de diciembre de 2017 y el 6 de mayo de 2018, desarrollándose en tres espacios distintos: El Centro Cultural Marcos Valcárcel, la iglesia de Santa María Nai y el Museo Municipal.


La Parte II, aquí, en Santa María Nai, lleva por título: Cristianización y territorio en la Gallaecia de época sueva. Veremos las etapas de este proceso de cristianización: una primera de implantación, entre los siglos IV y la primera mitad del VI, y otra de desarrollo, a partir de la segunda mitad del siglo VI, en la que se constituye en religión oficial. Es en este momento cuando surge la figura de S. Martín de Dumio, conocido como el “Apóstol de los Suevos”, figura trascendental cuyo efecto se ve reflejado en la creación del denominado “Parroquial Suevo”.


Tumbas antropomorfas en el exterior de la iglesia rupestre de San Pedro de Rocas, procedentes del primitivo claustro suevo. En el año 573, Eufrasio, Euga, Quinedio, Eato y Flavio reciben una iglesia en herencia. La lápida fundacional o conmemorativa reza:
+[H] EREDITAS : N / EVFRAXI : EVSANI / QUINEDI : EATI : FLAVI / RVVE : ERA D A C X A I
«EL PATRONATO HEREDITARIO DE ESTA IGLESIA ES DE NOSOTROS CO, EUFRASIO, EUGA, QUINEDIO, EATO Y FLAVIO, QUE LA HEMOS EDIFICADO Y DOTADO, SIENDO VITIMER OBISPO (DE ORENSE) EN EL AÑO 573».

Click Aquí para ver el capítulo anterior.

Click Aquí para ver todos los capítulos de esta Parte II.
Click Aquí para ver la Parte I, que se desarrolló en el Marcos Valcárcel.
Click Aquí para ver la Parte III, que se desarrolló en el Museo Municipal.

Nota: Todos los textos que no son propios, como las transcripciones de los textos de los paneles de la exposición, descripciones de las piezas y obras expuestas, transcripciones de los textos de los paneles informativos que iremos viendo en nuestra salida de hoy a San Pedro de Rocas, irán en cursiva.


En el capítulo de hoy continúa nuestro recorrido por la exposición, estamos en la parte de la nave de la iglesia, en el lado norte. En el capítulo anterior llegábamos hasta el panel que se ve sobre el audiovisual, tras lo cual emprendíamos la visita a Santa Mariña de Augas Santas, en Allariz. Hoy seguimos por los paneles situados a la derecha de la imagen, el presente capítulo nos llevará también a otra visita “extramuros” de la exposición, nada menos que a San Pedro de Rocas, en Esgos, Ourense.




Más tarde seguiremos en la pared norte, con las tres piezas que vemos, empezando por la de la vitrina a la derecha de la imagen.




A la derecha de estos dos paneles, de los cuales el que está situado en la parte inferior está dedicado a San Pedro de Rocas, se han colocado dos importantes piezas arqueológicas halladas precisamente en Rocas, a las que más adelante dedicaremos la atención que merecen y que actualmente están en el Museo Arqueolóxico de Ourense.





Los susodichos dos paneles.




Panel de la parte superior.


La construcción de iglesias.

Símbolo de la organización eclesiástica del territorio y de la autoridad episcopal.


La edificación de iglesias en propiedades particulares, por parte de miembros de las élites rurales galaico-romanas, estaba muy extendida en la Gallaecia. Esta «proliferación» de iglesias rurales construidas únicamente por motivaciones pecuniarias fue duramente condenada en el II Concilio de Braga, prohibiendo a los obispos consagrar las que no se erigiesen por motivos piadosos.


«Que el obispo no exija nada por la consagración de una basílica: Se tuvo por bien que cuantas veces los obispos son invitados por algún fiel, a consagrar las iglesias no reclamen del fundador algún regalo como si les fuere debido. [El obispo] tendrá ante todo muy presente el no consagrar una iglesia o basílica, si antes no recibe la dote de la iglesia, y los dones de la misma conformados por escritura de donación».

Canon V del II Concilio de Braga. Año 572.


«Que no sea consagrado el oratorio construido por alguno en su heredad con fines lucrativos: Se tuvo por bien que si alguno construye una iglesia, no por fe y devoción, sino por codicia y lucro, para repartirse lo que allí se reúna de las ofrendas del pueblo a medias con los clérigos (…). Que ningún obispo dé su asentamiento a una propuesta tan abominable, atreviéndose a consagrar una basílica que no ha sido fundada para alcanzar la protección de los santos, sino más bien con fines tributarios».


Canon IV del II Concilio de Braga. Año 572.



Ahora vamos con el panel dedicado a San Pedro de Rocas.


Imagen tomada en nuestra visita a Rocas. La descripción del panel dice así: Interior de la iglesia de San Pedro de Rocas (Esgos, Ourense), con las tres capillas excavadas en la roca.


San Pedro de Rocas.

Los orígenes eremíticos de una construcción todavía plagada de interrogantes.


La arquitectura cristiana no es el resultado únicamente de la plasmación sobre el territorio de una edilicia ligada a la ortodoxia, personificada en el obispo y sus representantes (sacerdotes y diáconos), sino en complejos culturales cristianos que debemos relacionar también con el movimiento monástico, como San Pedro de Rocas (Esgos, Ourense).



Nos desplazamos al municipio de Esgos, a San Pedro de Rocas, para rendir visita a este lugar. Al llegar al recinto, lo primero que vemos, al final de la explanada empedrada es la Casa Prioral.



Un poco de historia:

Según la inscripción en la lápida que actualmente se conserva en el Museo Arqueológico de Ourense, que figuró en la exposición y que más adelante veremos con detalle, en el año 573 seis herederos reciben San Pedro de Rocas.

Los musulmanes hacen una razzia en el siglo VII y el monasterio es abandonado, sigue el llamado período oscuro hasta el siglo IX. Según la leyenda, el cazador Gemondo, descubre la iglesia abandonada y se va a vivir allí, dedicando su vida a Dios. Otros cazadores lo acompañan. Alfonso III, y posteriormente Alfonso V, tras un gran incendio en el siglo X, les otorgan privilegios. Ahora el monasterio depende del de Celanova.



El prior Aloito restaura el monasterio en el siglo XI. En los siglos XII y XIII se amplía, son siglos de auge en los que hubo hasta trece monjes aquí. El siglo XIV es de decadencia para en el XV ser parte de la reforma benedictina apoyada por los Reyes Católicos.

Siglos XVI y XVII, vuelve la decadencia y hay un gran incendio. Se empieza a construir otra vez el monasterio, la Casa Prioral. Posteriormente se suceden diversos abades hasta la desamortización del XIX. Una vez más, el monasterio es pasto de las llamas en 1928, los monasterios de la zona en general van quedando en el olvido, hasta que hacia 1950 vuelven a despertar el interés en su recuperación.

En 2006 se rehabilita la casa prioral y se crea el Centro de Interpretación de la Ribeira Sacra.



El panel de la parte inferior de la imagen, en el muro de la Casa Prioral, nos hace una breve introducción sobre el monumento:

Iglesia rupestre y Monasterio de San Pedro de Rocas.

Declarado monumento histórico-artístico en 1923, es el monumento cristiano más antiguo e interesante de Galicia. Data del siglo VI, época en que se excavaron en la roca las tres capillas trogloditas.

En el siglo XII, el recinto cobra el aspecto que tiene en la actualidad. La iglesia románica conserva pinturas murales únicas.

Además, posee ocho sepulcros antropomorfos del primitivo claustro suevo y el campanario rupestre.

El altar del templo, datado en el siglo VI, se conserva en el Museo de Ourense. El enclave en el que fue construido el monasterio conserva el carácter agreste y solitario propio de los antiguos cenobios.



La Casa Prioral alberga actualmente, tras la rehabilitación del edificio en 2006, el Centro de Interpretación de la Ribeira Sacra y Vida Monástica de San Pedro de Rocas, que por su interés merece una visita aparte, lo cual tendrá lugar, sin duda. Pero será en otra ocasión.

Sobre la propia Casa Prioral, según leemos en un panel del Centro de Interpretación:

La casa prioral de San Pedro de Rocas fue erigida a finales del siglo XVII, en el solar del viejo monasterio, que quedó reducido a cenizas y en un estado deplorable, consecuencia del último incendio. De hecho, para su construcción fueron utilizadas piedras del anterior cenobio.

Se trata de una edificación de planta casi cuadrangular de piedra granítica con cantería lisa y balcones en sus esquinas delanteras. Es una arquitectura práctica, ya que el objetivo era que sirviese para alojar a una comunidad de monjes, en esos tiempos, muy reducida.

Las ventanas son abocinadas en la planta baja y las de la planta alta, más grandes y convencionales, fueron añadidas en los años 50 del siglo XX.

Sus dos plantas contienen innumerables atractivos para entender cómo era la vida de los monjes, como eran los oficios tradicionales en la zona y como es hoy el cultivo de la vid en lo que se denomina con gran acierto viticultura heroica, puesto que se desarrolla en las escarpadas laderas en las riberas de los ríos Miño y Sil, Denominación de Origen Ribeira Sacra. Además el Centro de Interpretación nos cuenta la historia del monasterio e interesantes tradiciones y leyendas.



Llegamos a la iglesia, la parte más interesante de nuestra visita de hoy. La fachada actual se construyó en el siglo XIX queriendo que su estilo se asemejara al de la Casa Prioral que ya existía en esa época. Más tarde volveremos, antes vamos a dar un agradable paseo.



El campanario. Leemos sobre el campanario en el Centro de Interpretación lo siguiente: En el siglo XVI se le añade al recinto de culto una espadaña con campanas erigida sobre un monolito de roca natural de veinte metros de altura. Dicha roca fue perforada en forma de arco para abrir paso a un camino. El campanario constituye una de las señales más definitorias y características del conjunto de San Pedro de Rocas.



El cementerio, cuyo acceso está al lado del campanario. El cementerio se construyó en el siglo XIX.





Desde el muro del cementerio nos asomamos y vemos el camino empedrado que conduce a la Fuente de San Bieito/Benito.



Unos metros más adelante. Vemos, si nos fijamos un poco, a la derecha de la imagen, una señal blanca y amarilla. Corresponde a una de las marcas que se emplean para señalizar los senderos homologados. El sendero PR-G 4, denominado Camiño Real de San Pedro de Rocas, pasa por el monasterio. Por aquí viene el sendero tras pasar por otros bellos recodos a lo largo de sus nueve kilómetros de longitud.



Llegamos a la fuente. A la derecha podemos ver las escaleras por las que acabamos de bajar, tras desviarnos levemente del camino. Acerca de la Fuente de San Benito leemos en un panel que hay en el Centro de Interpretación que la tradición le atribuye el poder de curar las verrugas.



Regresamos a la iglesia, a la izquierda.



Leemos acerca de la iglesia en un panel informativo que hay en el Centro de Interpretación:

La iglesia, así como todo en este recinto, es el resultado de las sucesivas superposiciones y añadiduras que se fueron construyendo a lo largo de su historia.

La iglesia primitiva nace a partir de las cuevas que los eremitas, retirados en este lugar buscando una vida de soledad y oración, fueron excavando en la propia roca.

Dichas cuevas trazaron los ejes de las tres naves que forman la iglesia; la central, como es frecuente, de mayores dimensiones que las laterales. Están cubiertas con un techo en forma de bóveda de medio cañón, cubierta que también fue agujereada en su parte central para dotar de una tenue luz al conjunto.

Al crecer la comunidad y la población, se tuvo que ampliar el recinto, añadiendo una nave transversal en la entrada de la iglesia. En un lateral se lee una inscripción en que se relata que la obra se hizo bajo el mandato del prior Gonzalo de Penalva en el siglo XV. En esa época, la iglesia tendría cinco altares, dos de ellos ya desaparecidos, y un coro superior de madera destruido en 1936.

En la capilla de la izquierda se pintó sobre la pared un mapamundi que, por el momento, es el único que se conoce en época románica.

La fachada actual está fechada en el siglo XIX. Se hizo imitando el estilo de la casa prioral ya existente en esa época.



Vamos a entrar en la iglesia. Leemos en un pequeño panel de metacrilato junto a la puerta de acceso a la iglesia este breve texto: Las capillas excavadas en la roca son la parte más importante del conjunto arquitectónico, remontan su antigüedad al menos al siglo VI.



Ventana situada sobre la puerta de acceso a la iglesia. Creemos que la inscripción que se ve en la parte superior de la imagen es aquella a la que se refiere el panel y que hace referencia al momento en el que se amplió la iglesia con la construcción de una nave transversal en la entrada de la iglesia, obra que se hizo bajo el mandato del prior Gonzalo de Penalva, en el siglo XV.



Entramos en la iglesia. La pasarela metálica está construida en la parte de la nave transversal ampliada y detrás de los arcos están las capillas trogloditas excavadas en la roca, las tres naves de la iglesia primitiva.



La roca.



A nuestra izquierda vemos la nave transversal del siglo XV. En 1988 se procedió a levantar el enlosado de esta nave para su reforma y se descubrieron una serie de tumbas que ahora quedan a la vista. Pertenecían a enterramientos que se hicieron en el exterior de la primitiva iglesia, en donde ahora está la nave transversal.



Y a nuestra derecha la otra parte de la misma nave transversal. Vemos más tumbas. Se ha constatado que las sepulturas nos indican que hubo tres períodos diferenciados en la construcción de la iglesia: la primitiva o prerrománica, anterior al siglo X, la románica en el siglo XII y una tercera en reformas posteriores de los siglos XVI y XVII.

Existen más tumbas en la nave central y en la lateral de la derecha y también en el exterior de la iglesia, entre la misma y la casa prioral, como más adelante veremos.



Desde el mismo punto vemos también la puerta de acceso a la nave lateral de la derecha de la iglesia primitiva, la decoración de la misma está labrada en la roca y la forma de los arcos indicaría la construcción de las capillas laterales en el siglo X, como ampliación de la primera iglesia.

A la derecha de la imagen se ven, no sin alguna dificultad, dos imágenes yacentes sobre dos sepulcros, que se han datado en los primeros años del siglo XIII.



Los arcos de las puertas de acceso a las naves central y derecha de la iglesia primitiva.



Entramos en la nave central. Vamos a ver la iglesia, en un primer momento, con la escasa luz natural de la que disponían los eremitas y monjes que accedían a la misma. Vemos las escaleras del altar y en la parte inferior, cuatro tumbas que están orientadas de este a oeste. El haz de luz que se observa sobre las tumbas proviene de un agujero hecho en la bóveda de cañón de la nave.



El agujero excavado en la roca al que nos referimos.



Desde lo alto del altar de esta nave central vemos la escasa luz que entra en este espacio.



En el centro de la imagen el hueco que comunica esta nave central con la lateral de la derecha.



Ahora estamos en la nave lateral derecha. Esta es la puerta que veíamos desde la nave transversal con las tumbas a las que nos hemos referido antes.




Desde la nave derecha vemos el acceso a la iglesia primitiva.



Alguien ha encendido las luces. Ahora estamos en la nave lateral de la izquierda y desde aquí vemos parte de la nave transversal.



Altar de esta nave lateral izquierda. A la izquierda del altar está el mapamundi de época románica al que se refiere el panel que hemos transcrito más arriba. El mapamundi hoy apenas se distingue.



Y volvemos a la nave central. El ábside es semicircular como los de las otras naves, corresponden a reformas hechas ya en época románica. También vemos mejor las cuatro tumbas a las que nos hemos referido anteriormente. El altar, datado en el siglo VI, se conserva en el Museo de Ourense y está presente en la exposición, como más adelante veremos.




Nave lateral de la derecha.




Salimos al exterior de la iglesia y nos encaminamos al espacio que hay entre la iglesia y la casa prioral.



Hay aquí ocho tumbas antropomorfas, procedentes del primitivo claustro suevo.



Puerta de acceso a la iglesia, tapiada.






Aquí ponemos punto final a la visita a San Pedro de Rocas. Volvemos a Santa María Nai.


De regreso, ahora vamos a ver las dos importantes piezas halladas en Rocas, la lápida fundacional o conmemorativa (izquierda) y el altar, o ara.



Lápida de San Pedro de Rocas. Descripción del panel informativo que hay al lado de la misma:


Lápida fundacional o conmemorativa.


Granito. Siglo VI (573). Monasterio de San Pedro de Rocas (Esgos, Ourense). Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense.


+[H] EREDITAS : N / EVFRAXI : EVSANI / QUINEDI : EATI : FLAVI / RVVE : ERA D A C X A I

«EL PATRONATO HEREDITARIO DE ESTA IGLESIA ES DE NOSOTROS CO, EUFRASIO, EUGA, QUINEDIO, EATO Y FLAVIO, QUE LA HEMOS EDIFICADO Y DOTADO, SIENDO VITIMER OBISPO (DE ORENSE) EN EL AÑO 573».



Incorporamos aquí unas notas que ya incluimos en nuestra visita a la exposición antológica permanente del Museo Arqueolóxico de Ourense. La pieza fue declarada Pieza del mes en Febrero de 2017. Autor de la reseña para su presentación fue: Francisco Javier Pérez Rodríguez. El texto que sigue, en cursiva, ha sido extraído de: http://www.musarqourense.xunta.es:


La razón que otorga a San Pedro de Rocas su lugar único en el panorama monástico gallego e hispano es la pieza protagonista de estas líneas: la lápida que, considerada en ocasiones “fundacional”, se conserva en la actualidad en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense.

Se trata de una inscripción hecha en una losa de granito en la que figura un texto repartido en cuatro líneas, rodeado por una soga que, partiendo del lado derecho, divide el espacio central en dos partes, con dos líneas de texto sobre y debajo de ella. La soga termina en el espacio izquierdo con una cruz. El texto es el siguiente:

[H]EREDITAS : N
EVFRAXI : EVSANI
QUINEDI : EATI : FLAVI
RVVE : ERA DA C XA I

De ella destaca en primer lugar la fecha: año 611 de la era hispana, que lleva a nuestro año 573. La palabra de apertura, HEREDITAS, hace pensar que se trata de una donación al supuesto cenobio entonces existente, hecha por los nombres que figuran detrás de la N -¿NOS?-, como mínimo cinco: EUFRAXI, EUSANI, QUINEDI, EATI y FLAVI, pues queda poco claro qué es exactamente RUVE, si un sexto hombre, o apellido de FLAVI -¿o de todos ellos?-, o algo que no se sabe exactamente de qué se trata.

La lápida en su lugar de exposición en el Museo Arqueolóxico de Ourense.

Al interpretarse el texto como donación y, en función de su evidente antigüedad, no cabe duda de que puede tomarse como la dotación inicial del primer monasterio de Rocas.

Hay que hacer referencia a la duda de si estamos ante la piedra original, labrada en el 573, o ante una copia posterior que, sólo por haberse hecho, redunda en el valor del texto grabado. No cabe duda de que el sogueado que rodea y parte el texto, típico del arte prerrománico asturiano, parece declarar que fue hecho en los siglos IX o X.

A esta datación contribuye la innegable relación de este sogueado con el del pie de altar (ara) de la misma iglesia, conservado también en la actualidad en el Museo Arqueolóxico Provincial. Sus arcos de herradura llevan su hechura más al siglo X que al VI, avalando así que estaríamos ante una copia de la inscripción original hecha en el tiempo en que se elaboró este pie de altar.

Original o copiada cuatro o cinco siglos después, es evidente que siempre fue transcendental para la comunidad religiosa que sucesivamente vivió en Rocas, como lo demuestra que fuera conservada en la iglesia nada menos que hasta el siglo XX.

La transcendencia de la lápida reside indiscutiblemente en su fecha, que hace de ella el primer testimonio de la vida monástica en Galicia.


Es también lógico -como ha hecho la historiografía- relacionar el texto con el II Concilio de Braga, celebrado el año anterior -572-, y con la figura de San Martín de Dumio o Braga, que lo presidió. Apóstol del cristianismo en la Gallaecia o, mejor dicho, en el reino suevo, san Martín pasa por ser impulsor y difusor del monacato en el referido reino.

Uno de los cánones del concilio muestra como por entonces estaban fundando iglesias no sólo el episcopado o los eclesiásticos, sino seglares particulares. Los obispos consagrarán estas iglesias “propias”, si bien, antes de hacerlo, deben comprobar que el templo cuenta con unos bienes que aseguren un culto decente.

A la vista de este canon, la lápida de Rocas bien puede pasar por una transcripción en piedra, resumida, de esa escritura de donación que exjgen los padres de la iglesia sueva reunidos en Braga.

En conclusión, y a pesar de las dudas, creo que la lápida de Rocas es verdaderamente un testimonio de la difusión del cristianismo en el territorio auriense en la segunda mitad del siglo VI. Recuérdese, también, que la primera noticia de un obispo en Ourense data del 560, por su presencia en el I Concilio de Braga.

Desde la sede episcopal se fomentaría la propagación de la fe en Cristo, que se intensificaría con la definitiva conversión de los suevos a la fe ortodoxa de Nicea, dando lugar al nacimiento de nuevas iglesias en el rural entre las que San Pedro sería una más, privilegiada en función de que de ella se conserva la donación que puede ser su dote. Obsérvese que digo “iglesia”, que no monasterio, pues la fundación pudo haber sido tanto una como otra cosa.


Ahora continuamos con el Ara o Altar de San Pedro de Rocas.

Descripción del panel informativo que la acompaña:


Altar.

Granito. Siglo VI / Siglos IX-X. Monasterio de San Pedro de Rocas (Esgos, Ourense). Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense.



Incorporamos aquí otras notas que también incluimos en nuestra visita a la exposición antológica permanente del Museo Arqueolóxico de Ourense. En este caso la pieza fue declarada Pieza del mes en eptiembre de 2005 y el autor de la reseña para su presentación fue Francisco Fariña Busto. El texto que sigue, en cursiva, fue extraído de: http://www.musarqourense.xunta.es:

Se conserva en el Museo una pieza singular, un pilar prismático de granito, con las dimensiones de 43 cm. de frente, 41 cm. de fondo y 77 cm. de altura, procedente de San Pedro de Rocas. Ingresó hace dos décadas por depósito de la Excma. Diputación Provincial con el fin de garantizar su conservación, después de diversas actuaciones vandálicas. Es una muestra representativa de los altares del primer momento del cristianismo en Galicia.

Su forma, un bloque prismático, constituye la forma más antigua del altar cristiano, de los que hay un ejemplar de gran interés en la iglesia de San Torcuato en Santa Comba de Bande, éste marmóreo, y otros semejantes, también de una piedra de granito, en Santa María de Mixós o el más próximo de Ambía, derivando claramente de las aras romanas.


El altar está decorado en sus cuatro caras por un doble arco de herradura, rebajado sobre columnillas sogueadas. Los arquitos aparecen doblados por motivos incisos y en la enjuta un elemento triangular. Un motivo de cordón doble remata la parte baja de la pieza en todo su contorno. En una de sus caras presenta un nexo epigráfico, hecho por incisión y de difícil lectura e interpretación, que puede vincularse con Christus, a manera de crismón con muchas peculiaridades.

Su ornamentación, calificada por algunos como mozárabe, la podemos relacionar con uno de los elementos más reveladores de la arquitectura prerrománica en la provincia: el arco de herradura, manifestado en numerosas ventanas geminadas procedentes de edificios de este período o restaurados en ese momento.

Pero es necesario resaltar que el tema de los arcos de herradura y los sogueados es frecuente en numerosas estelas romanas del Noroeste Peninsular, por lo que el peso de la tradición no debe descartarse y, por encima, está el hecho de la presencia en el mismo lugar de la lápida fundacional, del año 573, con los mismos temas y, establecida la relación, cabe pensar que sean coetáneas las dos piezas.


Así, atendiendo a su semejanza formal, tanto el ara como la lápida fundacional, corresponderían a un momento cronológico común, el momento más antiguo del convento de Rocas, lugar expresivo de la organización de la vida cristiana del siglo VI en la Ribeira Sacra, bajo el influjo de Valerio del Bierzo, Fructuoso o Martín de Braga, en el que el elemento de más peso en la datación será la mención de la Era que aparece en la lápida: Era 611 (año de Cristo 573).

El problema de enlazar la fecha de la inscripción (año 573) con la fecha que mejor cuadraba estilísticamente a los motivos de su decoración y la del altar (s.IX-X) se intentó salvar considerando la inscripción como copia circia de otra anterior pero hecha tres siglos después. Sin embargo, como dice Duro Peña no hay razón para dudar de la falsedad de la lápida ni de su inscripción y son solo motivos formales y estilísticos los que parecen cuestionar la cronología común de inscripción y altar.

Parece más razonable considerar los dos monumentos de la misma época y dar validez a la fecha que figura en uno de los testigos, la lápida fundacional.


Continuamos. Como se ha indicado más arriba, enfrente del panel y piezas de San Pedro de Rocas, están estas otras tres piezas, que iremos viendo, de derecha a izquierda, junto a la pared norte de la iglesia.



Fragmento de pilastra de cancel.
Mármol. Siglos V-VI. Mausoléu de São Fructuoso. Montelios (Braga, Portugal). Museu de Arqueología D. Diogo de Sousa (Braga, Portugal).




Friso decorativo.
Piedra caliza. Siglos VI-VII. São Torcato de Guimarães (Braga). Museu Pio XII de Braga (Portugal).





Capitel.

Mármol azul de O Incio. Siglos VII-IX. Santa María de Mosteiro (Guntín, Lugo). Museo Provincial de Lugo.




Continuamos con estos otros dos capiteles de la izquierda.





Capitel.
Granito. Siglos V-VII. Capilla próxima a Santa Maria de Galegos (Barcelos, Portugal). Museu Pio XII de Braga (Portugal).




Capitel de columna.
Granito. Siglos V-VII. Rua dos Marchantes, Sé (Braga, Portugal). Museu Pio XII de Braga (Portugal).




Y aquí termina el Capítulo 5 de la Parte II de la exposición.


Continuará.


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