17 may. 2016

Camino de Santiago. Sarria (III). Monasterio de la Magdalena. La Iglesia.


Hoy visitamos en Sarria la iglesia del Monasterio de la Magdalena, o Convento de la Merced, que tiene una honda vinculación con el Camino de Santiago. Las capillas, los retablos, los sepulcros, los escudos, las vidrieras, la mezcla de estilos, que obedece, como es frecuente, a distintas etapas constructivas.

Click Aquí para ver la Parte I (Exterior, las Cuatro Portadas y el Claustro).

Seguimos las doctas palabras del Padre D. Luis Solla Fontán, como en la Parte I, cuyo conocimiento se halla reflejado en la monografía que escribió en 1996 sobre el Convento de la Merced.




Coordenadas de situación de Sarria en Galicia. Amplíe el mapa y llegará al Monasterio de Santa María Magdalena: 42.778521, -7.420918

En este enlace se pueden ver nuestros pasos por el Camino de Santiago desde O Cebreiro. Click Aquí.


Nota del Autor: Los textos que figuran en cursiva han sido extraídos del libro titulado El Convento de la Merced. Monasterio de la Magdalena de Sarria, Editorial Edilesa, 1996, escrito por el P. S. D. Luis Jaime Solla Fontán, historiador, a quién tuve ocasión de conocer en una de mis dos visitas al Monasterio y a quien guardo una profunda gratitud por la forma en la que me atendió y su guía y explicaciones en la iglesia y el claustro.


Estamos en el claustro, junto a la “Puerta de las Gracias”. Vamos a entrar en la iglesia.





Miramos hacia el claustro ya desde el interior de la iglesia.





Nos situamos mirando hacia el coro. A nuestra izquierda, la actual entrada a la iglesia desde el exterior del edificio y a la derecha la “Puerta de la Gracias”.




Debajo de las siguientes imágenes iremos intercalando unos apuntes generales del P. Solla sobre la iglesia:

De fuentes escritas tenemos alusiones a la existencia de una especie de eremitorio en la ladera suroeste del promontorio en el que se alzaba el antiguo castro. Consta que existía la capilla de San Blas antes de que los ermitaños italianos establecieran su eremitorio en torno a ella a principios del siglo XIII, conocidos con el nombre de “Laudantes Deum”.

De este tiempo se supone, más que se documenta o testimonia de forma fehaciente, la existencia de unas primeras instalaciones románicas, de transición.




Como ya hemos dicho, la iglesia con sus capillas, al ser el resultado final de una labor ininterrumpida de más de siete siglos de construcciones, demoliciones, reconstrucciones y añadidos, no puede decirse que pertenezca a un estilo unitario y coherente ni siquiera para simplificar.

Una razón más para este conglomerado resultante es que este templo haya sido durante siglos una especie de acrópolis comarcal para patronos, fundadores y donantes, donde cada cual quiso dejar su impronta. Pero sorprende que, a pesar de lo irregular de su planta y de la diversidad de origen de sus cuerpos, resulta un conjunto a la vez tan sorprendente y extraño como acogedor y armonioso. ¿O tal vez por esto mismo?


Detalle del artesonado de madera del coro.




La planta consta de una nave única presidida por una capilla mayor de arte gótico y de un brazo transversal con restos románicos y góticos, tardíos en ambos estilos.

Parece ser que el templo primitivo estaba formado por este brazo transversal que va desde la portada románica de Santa María Magdalena hasta la pared que le separa de la sacristía.

En este tramo es donde se concentran los elementos románicos tardíos: la portada románica de Santa María Magdalena, el arco toral de la capilla del Cristo, la puerta que comunicaba en otro tiempo la iglesia con el claustro por debajo del corillo, la puerta románica que comunica iglesia y sacristía y, tal vez, los nichos laterales abiertos en la pared que da al claustro


San José, San Antonio de Padua y …






A principios del siglo XVI, a raíz de la terminación de la capilla Mayor, el templo se reorientó en la forma actual. De este siglo son además de la cabecera de la iglesia actual, sus sepulcros, el de la capilla del Santo Cristo, y el que ocupaba el nicho que hoy sirve de acceso a la actual sacristía.

De tiempos más o menos contemporáneos a las obras anteriores son el ventanal gótico geminado de la capilla Mayor, el arco toral que cobija hoy el retablo del Sagrado Corazón, la puerta gótica de entrada al templo, la “Puerta de las Gracias”, que comunica la iglesia con el claustro.





Estamos junto a la imagen de San José. Vemos de derecha a izquierda: la actual entrada a  la iglesia desde el exterior, que se corresponde con la portada gótica; el arco bajo el que se encuentra el retablo de Nª Sra. de Fátima, que se corresponde con la portada románica de Santa María Magdalena al exterior. Como indica algo más arriba el P. Solla el templo primitivo estaría orientado de derecha a izquierda de la imagen.

El siguiente arco es el que cobija el retablo del Sagrado Corazón. A continuación la capilla Mayor y el retablo Mayor. A su izquierda el arco que nos acerca a la capilla de San Lorenzo. Ya a la izquierda de la imagen la “Puerta de las Gracias”, por la que hemos entrado desde el claustro, como se ha indicado.





Bóveda que cubre esta parte de la iglesia en la que nos encontramos.







Hoy están situados en el coro el órgano, claro, fabricado en Ludwigsburg (Alemania) y traído de Poyo, que había sido su primer destino, y el retablo de la Virgen del Rosario ya de la época mercedaria, es un sencillo retablo de madera barnizada en nogalina, del estilo neogótico tan del gusto y repetido hasta la saciedad a principios del siglo XX.





De la primera edificación que con cierta seguridad podemos establecer un plano definido de conjunto sería el que se conoce como la primera iglesia gótica, pero que yo considero románica de transición. Todos los elementos arquitectónicos que podemos observar se amoldan perfectamente a lo que es característico de este estilo arquitectónico, aunque se dé en fecha tardía, algo por lo demás habitual en España y en Galicia, y que en Sarria se confirma una vez más.

Los mismos capiteles de los pilares nos hacen pensar en esta fidelidad al románico de transición ya que no se ejecutan como en el estilo románico normal, es decir, cada columna con su factura y adornos unificados, aparentando una sola pieza.

Los capiteles no se presentan, tanto sean historiados o de flora convencional y estilizada, con entidad propia e independiente de sus colindantes, sino que hacen un conjunto en que se entrelaza lo historiado, sea mitológico o costumbrista, con lo vegetal, tanto sea estilizado y convencional como si reproduce la flora del entorno.





Y cuando digo esto de los capiteles de nuestra iglesia estoy mirando directamente al que corresponde al pilar que está situado entre la “Puerta de Gracia” o de las procesiones y el corillo de la capilla llamada de San Lorenzo o del “Martillo”.





En este, en concreto, se combina una lucha entre grifos y un ataque de lobos a un suido y dos felinos o conejos afrontados con una cenefa de variado follaje, con la misión de rellenar espacios, enmascarar las escenas o pretender mayor realismo.













Nos situamos ahora frente al retablo de Nª. Sra. de Fátima. Como ya se ha mencionado, se corresponde con la portada románica de Santa María Magdalena al exterior. Era esta la puerta de entrada al templo primitivo. Desde aquí, después de contemplar el vecino retablo del Sagrado Corazón avanzaremos por lo que era la nave de dicho templo primitivo hacia la puerta de la actual sacristía.




El  (retablo) de Nª. Sra. de Fátima, obra de pocos años atrás, consiste en un amplio nicho con arco de medio punto y estructurado en casetones adornados con motivos vegetales. Imita al del vecino del Sagrado Corazón en la combinación de dorados claros y los fondos pintados en verdes suaves y difusos imitando mármoles.





Ahora nos situamos frente al retablo del Sagrado Corazón.




Antes llamado de San José y que estaba colocado hasta 1953 en la capilla de San Lorenzo o del “martillo”, cubriendo los arcos apuntados de los nichos que miran al rosetón románico y que hacen esquina con la antigua puerta de la sacristía, pero que había pertenecido anteriormente a la capilla a la que retornó en 1953. Dice el P. Mosquera en el “Libro de las Sepulturas” que en el año 1766 se hizo nuevo y fue colocado en dicho arco.




La comunidad puso la madera y la manutención del artista y D. Lucas Somoza dio unos 800 reales para su construcción. No se conoce el nombre del tallista, pero es muy probable que fuera el mismo que añadió ciertos adornos rococó a algunos elementos del altar mayor por este tiempo.




Consta de un solo cuerpo dividido en tres calles. Cuatro columnas panzudas corintias que enmarcan las tres hornacinas y sostienen un entablamento sobre el que se alza un sencillo ático. El conjunto es de estilo rococó como denuncian sus adornos de rocallas, cuernos de la fortuna, colgaduras, lazadas, profusión de angelotes a modo de adornos complementarios, etc.




En la hornacina del ático, bajo un dosel formado por media esfera gallonada y entre unas cortinas de terciopelo granate se deja ver la imagen de la Beata Mariana de Jesús sobre un cielo de tenues y difuminadas nubes algodonosas.





Desde el presbiterio, a nuestra izquierda los dos retablos.





Capitel del lado derecho, o de la epístola, del arco triunfal.





Capitel del lado del evangelio del arco triunfal.





Capiteles entre la nave transversal (o capilla de San Lorenzo) y la capilla del Santo Cristo, parte de cuyo arco toral, que el P. Solla Fontán señalaba como románico tardío, se ve a la izquierda.





Virgen con el Niño, en la parte inferior de este pilar.





El mismo capitel visto ahora precisamente desde debajo del arco toral de la capilla del Cristo. Nos fijamos también en la clave de bóveda que se ve, en parte, en la parte superior derecha de la imagen: Atributos episcopales y escudo de armas del obispo D. Benito Murúa, el que confió el convento a los mercedarios en 1896.





Capilla de San Lorenzo.

Nave transversal que va desde la portada románica de Santa María Magdalena hasta la pared que le separa de la sacristía, lo que era el templo primitivo, antes de las obras de rehabilitación ejecutadas recientemente. A la izquierda vemos el corillo bajo el que hay una puerta de estilo románico tardío (la que se ve desde el claustro, antes de estas obras estaba tapiada).




También a la izquierda de la imagen los nichos laterales abiertos en esta misma pared que da al claustro. Siguiendo el retablo de la Virgen del Rosario, que ha sido trasladado al coro, tras la reforma y que tapaba la puerta románica que comunica iglesia y sacristía y que más abajo veremos.

En el centro de la imagen el sepulcro con alfiz en donde se abrió la puerta principal actual de acceso a la sacristía. Las obras de rehabilitación han afectado a este muro como vamos a ver.


Ahora vemos, ya con la nueva iluminación tras la rehabilitación, de izquierda a derecha el corillo y la puerta románica, hasta hace unas pocas fechas tapiada, los nichos laterales, la puerta románica de acceso a la sacristía y la imagen de Santa María Magdalena.





Antes de las recientes obras de reparación, vemos la puerta tapiada bajo el corillo. Y el retablo de la Virgen del Rosario que tapaba la otra puerta románica que da a la sacristía.





Detalle de la puerta románica.





Los dos nichos abiertos en esta pared que da al claustro.









La puerta románica que da a la sacristía y la imagen de Santa María Magdalena. A la derecha se ve parte de la puerta que se abrió para la sacristía en el hueco del sepulcro al que nos referiremos a continuación.





Antes de las obras de rehabilitación.





Sin salir del templo, podemos contemplar cinco sepulcros de singular factura: tres en la capilla Mayor, uno en la capilla del Cristo y el otro en la antes llamada capilla de San Lorenzo y que sirve de puerta de acceso a la sacristía.




Un sepulcro ocupaba el lugar en que hoy se abre la puerta de la sacristía. Lo construyeron para su enterramiento D. Iñigo López de Orozco Ribadeneira y Armesto y su esposa Dña. Inés Díaz de Balboa Somoza do Rial.

Enmarca el arcosolio un arco semejante en molduras a las de los dos de la capilla Mayor: columnillas finas y baquetón y escocia con guirnalda. El arco termina en pináculo central, y, bajo un remarcado alfiz, se cobijan dos escudos con armas y blasones de los Ribadeneira, los Orozco, los Balboa y los Díaz.


Aquí podemos comparar los cambios en el muro tras las recientes obras de rehabilitación.







A la izquierda la parte del muro que acabamos de ver, se ha dejado a la vista ese arco del que no tenemos más información. También se ha sacado a la luz el nicho, anteriormente tapiado.







Rosetón románico, situado sobre el nicho que acabamos de ver.







Y, a la derecha, la capilla del Santo Cristo.





Capilla del Santo Cristo. Iniciamos la visita a la capilla examinando el sepulcro situado entrando a la izquierda.

En el muro noreste de la capilla del Cristo se halla también un sepulcro de elegante y delicada traza manuelina. Perteneció a la familia de los señores del Castillo de los Infantes.




El sepulcro se cierra con tapa a dos aguas sobre la que se esculpen sendas bisagras y, en la cara que da al público, tres escudos correspondientes a las familias emparentadas con la del Castillo de los Infantes.










No se sabe quien ocupó el nicho. El arcosolio se remata con el clásico pináculo gótico, a cuyos lados campean los escudos que repiten los blasones de los mismos de la tapa del sepulcro: los de los Valcárcel, Ribadeneira, Balboa y los Lemos.





La bóveda que cubre la capilla del santo Cristo es algo irregular y atípica: siete nervios independientes que arrancan de igual número de ménsulas situadas en los ángulos del paramento poligonal de la capilla absidal se juntan de forma desmañada y poco concéntrica en una clave central lisa. Seis de las siete ménsulas son molduras, y la séptima representa una cabeza humana barbada con expresión de espanto.





Ménsula que representa una cabeza humana barbada con expresión de espanto.




Altar del Santo Cristo.












El altar del Santo Cristo tiene una relativa importancia, tanto por la devoción que siempre le tributaron los fieles y por las imágenes (que no son las tallas primitivas) que forman el “Calvario” como por el recinto recogido que lo acoge. Según apunte gráfico del P. Mosquera, en 1705 sólo figura en este sencillo retablo la figura del Santo Cristo entre dos candelabros.




Es hacia el año 1797 cuando se trasladan allí la talla de San Juan Evangelista y de la Virgen Dolorosa, procedentes del ático del altar mayor. En la actualidad conserva una disposición similar a la de finales del siglo XVIII.













Este arco de uno de los sepulcros, transformado en puerta, comunica la capilla del Santo Cristo con la capilla Mayor.





Capilla Mayor.

A principios del siglo XVI, a raíz de la terminación de la capilla Mayor, el templo se reorientó en la forma actual. De este siglo son además de la cabecera de la iglesia actual, sus sepulcros, el de la capilla del Santo Cristo, y el que ocupaba el nicho que hoy sirve de acceso a la actual sacristía.

De tiempos más o menos contemporáneos a las obras anteriores son el ventanal gótico geminado de la capilla Mayor, el arco toral que cobija hoy el retablo del Sagrado Corazón, la puerta gótica de entrada al templo, la “Puerta de las Gracias”, que comunica la iglesia con el claustro.





El templo posee dos bóvedas auténticas, la de la capilla Mayor y la de la capilla del Santo Cristo, que son de distinta época y, por supuesto, de distinta autoría.

De la de la capilla Mayor sabemos la fecha o tiempo de su ejecución: principios del siglo XVI. Se compone de dos cuerpos: uno sobre el tramo rectangular, con bóveda de crucería, y la otra sobre el tramo poligonal, con bóveda atípica de abanico. Sus nervios diagonales arrancan de ménsulas situadas en los ángulos del paramento y se entrecruzan en tres claves lisas con las ligaduras correspondientes.





Retablo Mayor. Unos breves apuntes del P. Solla sobre su historia:

Por las notas dispersas en los documentos y por los apuntes gráficos conservados sabemos que este retablo también (como toda la obra conventual) es resultado de la conservación de restos anteriores y de añadidos posteriores. Así, por un apunte gráfico del libro Protocolo de 1705 sabemos que el retablo mayor constaba de dos cuerpos o tramos y tres calles y con seis hornacinas, pero sin columnas separatorias de las calles.

En el apunte del P. Mosquera en su “Libro de las Sepulturas” (1763) aparecen ya las columnas separatorias pero de forma salomónica. Parece que en ese tiempo, en la parte superior, se instala todo un “Calvario”: en lugar de la gran cruz desnuda, la espada y la pluma, estaba colocado un Santo Cristo y las imágenes de la Dolorosa y del Discípulo Amado.

Por el año 1763 o posteriores se colocó un nuevo remate o ático en forma de frontón semicircular con tres hornacinas: en la central se colocaron las tres imágenes del Calvario y en las laterales dos pinturas de santos, que más tarde fueron sustituídas por dos escudos agustinianos y en la actualidad.

En el año 1797, se hace el traslado del Calvario del ático al altar de la capilla del Santo Cristo.




En los primeros años de la restauración mercedaria se llevó a cabo la redistribución actual de imágenes: Preside la de la Virgen de la Merced, en vez de la de Nª Sra. de Gracia, y las demás imágenes fueron sustituidas por las de los santos de la propia Orden: San Pedro Nolasco, San Ramón Nonato, San Pedro Pascual y Santa María de Cervellón.

Son interesantes los bajorrelieves (de San Miguel y san Juan Bautista, imágenes que también recibían una gran veneración en las iglesias parroquiales de la villa) y adornos añadidos que, aprovechados de restos de retablos o viacrucis y otros hechos ex profeso tal vez, fueron distribuidos por los distintos cuerpos del retablo con tal acierto que lograron un resultado final conjuntado y armonioso a la vez que rico en matices diferentes.








El sagrario, de plata, es obra de mediados del siglo XX (1953). El que pertenecía al antiguo retablo ocupa hoy su lugar correspondiente en el restaurado retablo del Sagrado Corazón.















San Agustín, flanqueado por las dos partes complementarias del escudo mercedario. Sobre ellos: el escudo que corona el ático del retablo. Capelo de obispo, pluma de ave, libro abierto, corazón asaeteado e iglesia, son los atributos del obispo, doctor y fundador, San Agustín.




En el año 1968, durante la última restauración de la iglesia llevada a cabo durante el superiorato del P. José Estévez, y para adaptarse a la nueva liturgia introducida por el Concilio Vaticano II, se retiró la antigua mesa de madera del altar y se sustituyó por la actual de piedra, situada en el centro del presbiterio, de inspiración románica.


A la derecha, junto el retablo vemos uno de los arcos de descarga que se situó  en ese lugar con vista a la colocación futura de un sepulcro. Sobre el arco está el arco-ventana que vamos a ver a continuación.





En el cuerpo alto de la calle poligonal noreste del ábside de la capilla Mayor se halla un precioso arco de estilo manuelino. El que en un principio fue ideado como futuro arcosolio se transformó más tarde en singular ventana.

“Sobre ella, y flanqueado el airoso florón esculpido encima del arco que la corona, se hallan dos escudos con los seis roeles de los Castro, grabados sin duda para sellar el Patronato de los Condes de Lemos, de acuerdo con la escritura otorgada el 27 de julio de 1643” (“Los escudos de Sarria”, por Francisco Vázquez Saco, Lugo 1953). No consta que se haya enterrado nadie en él.





Mirando desde el presbiterio hacia el sector poligonal del paramento sur del cuerpo superior de la capilla Mayor




…se puede observar una vidriera de colores formada por dos calles separadas por el parteluz del ventanal gótico, cuyos sectores centrales están ocupados por dos efigies de santos de la Orden mercedaria.




Las dos calles están ejecutadas de forma similar y ambas se distribuyen con igual simetría: El cuerpo central de ambas lo ocupan, enmarcados por arquitos, las efigies aureoladas de San Pedro Nolasco con su báculo de pastor-fundador y la de San Ramón Nonato (cardenal) con custodia y palma de tres coronas de martirios; dos medallones en el cuerpo superior de ambas calles reproducen por partes el escudo de la Orden de la Merced, y otros dos óvalos en el cuerpo inferior portan sendos anagramas alusivos a la Virgen María; y los extremos de ambas calles se rematan con finos dibujos esquemáticos enmarcados en rombos.

Se encargó la vidriera, en septiembre de 1903 siendo superior el P. Inocencio López Santamaría, a la casa zaragozana de “Viuda e Hijo de León Quintana”.


Otro sepulcro se abre en el tramo recto del lado de la epístola de la capilla Mayor. Bajo un arco ligeramente apuntado se halla el arcosolio en que se guardan los restos de D. Nuño Álvarez de Guitián. Este canónigo maestreescuela de la Catedral de Orense había nacido en la casa señorial de San Saturnino de Froyán, emparentada con los Balboa, los Somoza y los Valcárcel, como consta por su escudo.






Fue el que costeó la construcción de la capilla Mayor y el mismo que mandó construir su sepulcro, como consta en su epitafio: “Aquí yace Nuño Alvarez de Guitián, maestroescuela que fue de Orense y mandó hacer esta capilla. Año de mil y quinientos once años”. El arcosolio se cubre con una lápida de estatua yacente vestida con los ornamentos de sacerdote celebrante, tocado con una pequeña mitra y que sostiene entre sus manos un libro.





La visita toca a su fin.







Imagen de la Virgen con el Niño situada en la nave transversal. Ahora ya se ha apagado la luz.





Fin.


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