31 may. 2016

Santuario de A Franqueira, A Cañiza. (I). Exterior de la Iglesia.


Visitamos el Santuario de la Virgen de A Franqueira, en los montes de A Paradanta, municipio de A Cañiza, interior de la provincia de Pontevedra. En esta primera entrega nos detenemos en las fachadas exteriores de la iglesia y también en un breve repaso histórico sobre el Santuario.

Click Aquí para ver nuestros pasos por el Santuario de A Franqueira.


Portada de la fachada principal.

Coordenadas de situación de A Cañiza en Galicia. Amplíe el mapa y llegará al Santuario de la Virgen de A Franqueira: 42.181885, -8.359657


Nota: Los textos que figuran en cursiva han sido extraídos del libro titulado Monasterios de Galicia, pags. 384 a 390, de Editorial Everest, 1983, del erudito pontevedrés D. Hipólito de Sá Bravo.

Nota 2: También figuran en cursiva los textos extraídos de la monografía titulada Santa María de A Franqueira. Monasterio cisterciense. Editorial Edilesa. Páginas 15-48. Autores: José Carlos Valle Pérez y Ana Cristina Pérez Rodríguez (Fiestas y Tradiciones).


A nuestra llegada al Santuario vemos la imponente fachada principal. Pero ahora vamos a ver la fachada norte, a la izquierda de la imagen.




Las referencias históricas pertenecen a De Sá y las explicaciones sobre las fachadas a Valle Pérez.

Fachada norte.





El muro norte de la nave está dividido en cuatro tramos por medio de tres contrafuertes prismáticos y escalonados, que llegan hasta la cornisa. Ésta, se apoya en canecillos geométricos.




En los tramos primero y tercero, contando siempre desde el lado este, se abren ventanas, la inicial descentrada. Idénticas en su organización, repiten en todo (composición general y detalles estructurales y decorativos) las características de su cara interna.




Ocupa parte del tramo occidental, al menos desde las primeras décadas del siglo XVIII, etapa en la que se levantan sus dos cuerpos bajos (los otros son muy probablemente del último tercio del siglo XIX), una vistosa torre a la que se accede desde fuera por medio de escaleras simples.




D. Hipólito de Sá: Un santuario donde la devoción mariana se une con las tradiciones más arraigadas en Galicia, que nos hablan del hallazgo de una imagen de la Virgen, en una gruta del alto del Paradanta, por una anciana que pastoreaba sus ganados, y que después del descubrimiento en un carro de bueyes fue trasladada hasta una ermita, en cuyas proximidades brotaba una fuente, dándosele por eso a la imagen el título de Virgen de la Fuente.

Anotamos aquí que la tradición añade que se formó un gran revuelo con el descubrimiento y dos parroquias se disputaban la reliquia por lo que se decidió colocar la imagen sobre un carro de bueyes y a éstos se les cubrió los ojos. Los bueyes llevaron la imagen al lugar en A Franqueira en donde se erigió después la ermita que menciona De Sá.




Posteriormente se forma allí una parroquia, que se agrupa alrededor del Santuario, en que se erige primero una fundación de monjes benedictinos y después aparece una comunidad de monjes cistercienses, que atiende a la parroquia y cuida del culto del Santuario, hasta los días de la exclaustración.

Huerta, en sus Anales del Reino de Galicia, dice que ya en el siglo VII se daba culto a la imagen de la Virgen de la Franqueira, que en el año 738, ante el temor de una invasión sarracena, fue escondida por los vecinos, en un grupo de rocas que había en el monte Paradanta, en donde estuvo hasta que fue descubierta y trasladada al poblado.

Sandoval, en su obra Cinco Obispos, y Argáiz, en La Soledad Laureada, remontan el origen de la vida monacal en La Franqueira, a los días de San Martín Dumiense, siglo VI, mencionando a unos ermitaños que vivían por aquellos parajes, y que se reunieron para someterse a la disciplina de la vida monacal, bajo la observancia de la Regla o Pacto de San Fructuoso, después de que este Santo inició sus fundaciones en Galicia.




Más concreto es lo que dice I. Janauschesk, al mencionar a Segismundo, que da como existente al Monasterio de La Franqueira en el año 1144. Observándose en él la Regla de San Benito.

Por su parte el P. Jerónimo Ávalos habla del privilegio de Fernando I, al Abad Alvito y a los monjes de La Franqueira, en al año 1056, en el que se dice que el Monasterio estaba en la cumbre del monte, donde lo habían fundado unos santos varones que allí hacían vida santa y que otros, después de mucho tiempo, lo mejoraron y restauraron dentro de los términos antiguos.

Supongo que este es el documento en que se funda Janauschesk al asegurar que en el año 1144 ya estaba fundado el Monasterio de La Franqueira. Tres años más tarde, en 1147, Alfonso VII confirmó al Monasterio de La Franqueira todos los derechos y posesiones que tenía, siendo Abad Odoario y observándose en él la Regla de San Benito.


Ventana a la izquierda de la puerta.




Posteriormente, en el año 1293, se introdujo en el Monasterio benedictino la reforma cisterciense, a instancias del señor de Salvatierra, don Payo Sorrodea y Sotomayor, quien hizo grandes donaciones a la nueva fundación del Monasterio cisterciense, para la que se trajeron monjes del Monasterio de Melón, por lo que el Monasterio de La Franqueira estuvo durante algún tiempo vinculado al de Santa María de Melón.

Así, por lo dicho, se puede decir que la vida monacal es muy antigua en La Franqueira. Unos primitivos ermitaños que se unen y dan lugar a un inicial cenobio.

Se incrementa la vida y surge un Monasterio en el que se observa la Regla de San Benito, y ya en el siglo XIII el establecimiento de los Cistercienses, que pudo ser para restaurar la vida monacal desaparecida, según la opinión más generalizada, o también porque los pocos monjes que allí hubiese aceptaron la incorporación en el Císter, como sucedió en otros muchos Monasterios en siglos anteriores, uniéndose a los monjes de Melón, enviados para la nueva fundación de La Franqueira.

Esto trajo consigo la construcción de una nueva iglesia, en lugar distinto del de aquél en que estaba la Capilla de la Virgen de la Fuente y las Capillas del Cristo y San Sebastián, vinculadas originariamente al primitivo cenobio benedictino. Con esto se inició una nueva vida en La Franqueira y se fue incrementando la popularidad del Santuario.




En el siglo XVI el Monasterio de La Franqueira ingresó en la Congregación cisterciense de Castilla, siendo aprobada su incorporación por bula el Papa León X del año 1520.

Con la incorporación perdió el Monasterio de La Franqueira la categoría de Abadía, por la escasez de sus rentas, insuficientes para sufragar los gastos del Abad y monjes que en él de ordinario deberían residir. Suprimida la Abadía, en La Franqueira, el Monasterio siguió como presidencia, nombre que se daba a las casas de pocos monjes, al frente de las cuales estaba un presidente, que hacía las veces de Abad con jurisdicción delegada del General de la Congregación de Castilla.

Siguió como presidencia hasta la exclaustración (1835), en la que la pequeña comunidad tuvo que dispersarse, quedando tan sólo el monje exclaustrado que se encargó de la parroquia, continuando con el ministerio que durante varios siglos habían ejercido los cistercienses al frente de la parroquia.





En el segundo tramo de la nave, un sencillo pórtico (su valor referencial se refuerza por la presencia en los arranques de su intradós de dos figuras que, vistas sus actitudes y a pesar de su erosión, deben ser la Virgen y el Arcángel Gabriel, se abre una puerta muy simple, con arco apuntado.











Ventana a la derecha de la puerta.









Volvemos ahora a la fachada principal.




En palabras de Valle Pérez:

Es la principal y nuclea la atención exterior de todo el edificio. Está construida, al igual que el resto del templo, con aparejo de sillería granítica, en general bien encuadrada y asentada. Dos contrafuertes, el del norte alterado por la erección de la torre, la flanquean.

Hasta hace tres o cuatro décadas la portada estaba protegida por un humilde pórtico de cronología imprecisa. Recuerda su existencia la huella sobre el paramento mural del tejado a dos aguas que lo cubría.






En la parte alta de la fachada se halla un rosetón, hoy sin tracería.





Centra la parte baja de la fachada una espléndida portada. De marcada profundidad y muy cuidada tanto en lo formal como en lo decorativo, la componen cuatro arquivoltas semicirculares y una chambrana de idéntica configuración.





Dos curiosos soportes que, dominados por sus grandes capiteles decorados con hojas lisas marcadas sólo en su parte alta, flanquean la portada. Sin otra misión hoy, al menos en apariencia, que la puramente ornamental. En ellos se apoyan, a modo de esfinges protectoras del templo, dos extrañas y compactas figuras humanas. Este es el que está al sur.





La arquivolta menor, decora su rosca con rosetas de ocho pétalos y botón central, ocupando la arista ocho ángeles, cuatro por lado, instalados en el sentido de la curvatura del arco. Prácticamente idénticos en su disposición, presentan actitudes y, en su caso, exhiben objetos diferentes: un libro, abierto o cerrado, una filacteria o un incensario.

La segunda arquivolta talla su arista en plástico baquetón liso. La tercera arquivolta se diferencia de la anterior por la inserción en la superficie cóncava de la rosca de una sucesión de bolas. La cuarta arquivolta, la mayor ofrece en su arista puntas de diamante de ocho pétalos. La chambrana, una sucesión de pequeños arcos trebolados recortados.





Las cuatro arquivoltas voltean sobre columnas acodilladas y los fustes, monolíticos, poligonales unos, cilíndricos otros, exhiben modelos o configuraciones diversas (lisos, con estrías horizontales o con motivos decorativos: bolas, castillos, un trenzado, conchas de vieira).





Los capiteles tienen un enorme interés. Todos son figurados, ofreciendo unos representaciones humanas, con o sin animales, otros éstos solos, incidiendo el conjunto, presidido por una Anunciación situada en los dos capiteles externos de la jamba norte, en la contraposición del Bien y el Mal.

Capiteles del lado sur.





Capiteles de la Resurrección.





Capiteles de las tentaciones.





Columnas y capiteles del lado norte.







Anunciación situada en los dos capiteles externos de la jamba norte, en la contraposición del Bien y el Mal.




Este capitel (el de la derecha) representa a un monje leyendo la Escritura, Los dragones que están a su lado son las habladurías, la tentación de no escuchar la Palabra.





Este es el otro soporte que flanquea la portada, el del lado norte.





Preside la portada un interesante tímpano, monolítico en origen, compuesto hoy, a causa de una fractura, por dos piezas unidas. Está nucleado por una Virgen sedente, frontal y solemne, que sostiene sobre su pierna izquierda, ya ladeado, al Niño.

Encima de la Virgen, reforzando su protagonismo, se dispone un dosel en forma de castillo, situándose a un lado los Reyes Magos, con Melchor arrodillado, los tres con sus presentes en las manos, y, al otro, un personaje arrodillado y suplicante, sin duda el donante, y, tras él, sentado y con un bastón en forma de tau, san José.

Sobre estos dos grupos de figuras que custodian o flanquean a la Virgen se hallan dos ángeles turiferarios, completando la decoración del tímpano dos escudos de armas (su enorme desgaste hace imposible la identificación de sus componentes). Corresponden, con seguridad, al donante, quien con su inserción haría ostentación de su patrocinio.

El tímpano muestra en su cara inferior, además de un tallo ondulante del que surgen, alternadamente, hojas muy estilizadas, una larga y muy útil inscripción, en parte mutilada. Desarrollando sus abreviaturas, dice lo siguiente: Era MCCCLXXXI. Frei Gonzalo Primo he quen començou e acabou.




Lamentablemente, la pérdida de la documentación del Monasterio nos impide decir algo más sobre este Frei Gonzalo, obviamente el abad que mandó labrar el tímpano y la portada y seguramente también el impulsor de la construcción de gran parte del templo.

Él, en consonancia con esta lectura, es quien, arrodillado y vestido, en efecto, como un monje, pues lleva cogulla, se representa implorante ante la Virgen y el Niño, culminando el mensaje que se desprende del programa iconográfico desplegado en la portada, estructurado, como ya vimos, a partir de la dicotomía entre el Bien y el Mal que se relata en los capiteles, dominados por la presencia de la Anunciación, promesa sabida de Redención, explicitada en el grupo central del tímpano y realzada aún más por las figuras angélicas que se distribuyen en él y en una de las arquivoltas, la menor.

A Frei Gonzalo, pues, pertenecerían los dos escudos de armas reseñados. Su inserción en un lugar tan destacado y visible y, sobre todo, con unas dimensiones tan notables, confiere al tímpano una posición de excepción en la secuencia de los tímpanos presididos por una Epifanía.






Don Hipólito de Sá se refiere a la cronología de la portada:

Cuantos han estudiado la portada no dudan en colocarla entre las portadas románicas que se abren y reciben las orientaciones del gótico. Las archivoltas con columnas de fuste cilíndrico y capiteles historiados, con el arco de medio punto y su colocación abocinada nos recuerda la traza de las portadas románicas del siglo XII.

Pero la posición de los ángeles orantes y sobre todo el asunto y la factura del tímpano denotan una época posterior. Una inscripción, que corresponde al año 1343, marca en el dintel de la puerta principal la fecha en que fue colocado el tímpano, que nos recuerda los de algunas iglesias góticas de los frailes mendicantes.





A la derecha, la fachada sur, a donde nos dirigimos.





Fachada sur. Volvemos a seguir a D. Carlos Valle:

Está dividida también en cuatro tramos por medio de contrafuertes. En el segundo tramo se halla una puerta moderna (en la cartela de su clave figura el año 1955), sucesora, sin duda, de la que en un principio comunicaba la iglesia con las otras dependencias colectivas.

Una ventana, remodelada, se abre encima de la puerta, disponiéndose otra, restaurada en parte, en el tramo final.





Sombra y sol en esta mañana en A Franqueira.








Leemos el viernes 28 de noviembre de 2914 en la entrada del blog santuarioafranqueira.blogspot.com.es y que lleva por título La Cruz del Peregrino:

Esta cruz, recuerdo de la celebración de los 40 años de la coronación de la Virgen, está en el centro, poniendo frente a frente a cada uno de los peregrinos ante la cruz.

Peregrino da Franqueira, al contemplar la cruz de tu Salvador deja a sus pies tus cargas y cansancios, pues este es el surtidor de la santidad. En el reverso de la cruz está la Madre, la Mujer nueva, la llena de fe, que permanece.







Nos fijamos ahora en la ventana situada en el primer tramo de la fachada, el más próximo a la fachada principal. La ventana no está situada en el centro. Además, si miramos a la parte superior del muro también aquí parece que hubo un pórtico, al igual que en la mencionada fachada principal. Los canecillos son geométricos, como los de la fachada norte.









La vidriera la veremos mejor desde el interior de la iglesia.





Emplazada justamente delante de la puerta mencionada, una plataforma o palco que, si bien no tiene ningún protagonismo estructural, sí posee una extraordinaria importancia desde el punto de vista cultural: se utiliza para mostrar a los fieles a la Virgen de A Franqueira en el marco de las actividades festivo-religiosas que se llevan a cabo durante los días de mayor solemnidad.





A nuestra espalda si miramos a la fachada de la iglesia queda la edificación que alberga el Salón Parroquial, la Capilla de la Penitencia y la Capilla de las Ofrendas.





Entramos en la Capilla de las Ofrendas, abierta a la temprana hora de nuestra visita.







Salimos de la Capilla de las Ofrendas y al lado mismo está esta Cruz que mira al valle y a la montaña en la que está la Cruz Monumental (parte superior de la imagen, “algo” borrosa), de gran altura, que se colocó allí en el año 1984. Se llega a ella por el empinado Vía Crucis por el que se asciende en zigzag la montaña. Lo veremos con detalle en un posterior capítulo de nuestra serie sobre el Santuario de A Franqueira.







La Cruz está rodeada de algunos restos arquitectónicos.





Volvemos a mirar hacia la iglesia.





Estas piezas están situadas en el espacio entre la iglesia y el edificio del Salón Parroquial. Desconocemos su significado o procedencia.






Llegados a este punto, unas breves notas sobre la cronología de las obras de la iglesia. De Sá:

La cronología de las obras de la iglesia es difícil de precisar por las distintas reparaciones y reconstrucciones que en ella se hicieron, sin embargo, conserva de la primitiva fábrica el ábside con la parte del presbiterio y la portada, obras que denotan un periodo de transición, pues al lado de manifiesta traza románica se nota la influencia gótica, lo que hace suponer que se trate de una obra de finales del siglo XIII, primer tercio del XIV.

La inscripción existente en el dintel de la puerta principal, sobre el que descansa el tímpano de la portada y en la cual se lee una fecha, coincide con la señalada anteriormente, como la de la construcción o término de la portada, posterior sin duda al ábside y capilla mayor. Fácil la lectura de M.CCC: LXXXI Era… que corresponde al año 1343.

Así pues se da por terminada la obra en la primera mitad del siglo XIV, cuando las influencias góticas caracterizan muchos de los monumentos e iglesias rurales de nuestra región que, comenzados según las directrices y trazas románicas terminaron bajo los cánones del estilo imperante.

Valle:

Ampliaciones y reformas tanto de época barroca como del siglo XX explican la conformación que exhibe actualmente la parcela de naciente. (Parte derecha de la siguiente imagen).

En origen, sin embargo, la planta de la iglesia era muy simple. Constaba de una sola nave rectangular, amplia, dividida en cuatro tramos, y una capilla, también única y rectangular, seguramente con tres tramos (hoy persisten sólo dos). (Parte izquierda de la imagen).

Hacia 1955, unas estancias rectangulares, una por costado, de no mucha amplitud, se crearon como consecuencia de la renovación y ampliación que experimentó la parte oriental de la iglesia a raíz de la potenciación del culto a la Virgen titular del Santuario.




En esta imagen podemos distinguir, siguiendo a nuestros sabios, a la izquierda, la nave de época medieval y, en primer término, la parte añadida a mediados del siglo pasado (1955). También, detrás, la cúpula de media naranja barroca. Todo ello lo veremos con más detalle al estudiar el interior de la iglesia.





Nos dirigimos ahora a ver la cabecera de la iglesia.







Muro de la cabecera del Santuario, esta parte es la añadida en el siglo pasado.







Aquí termina esta Parte I, dedicada al estudio de las fachadas exteriores del Santuario de la Virgen de A Franqueira y a saber algo más de la historia de este lugar que deja huella.

Fin.


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