13 oct. 2016

Iglesia Románica de San Mamede de Moldes, en Boborás. P. Ourense. (II) Interior, Baldaquino y Personajes Ilustres.


En esta Parte II de nuestra visita a San Mamede de Moldes vamos a ver el interior de la iglesia. Además de su evidente interés arquitectónico, destaca la capilla añadida en 1638, construida por el capitán Bartolomé Tizón y su mujer Doña Victoria de Luzón. Empotrados en las paredes de la capilla veremos dos de las partes de un baldaquino que en su momento estaría situado sobre el altar. Aquí descansa también el intelectual y escritor Antón Losada Diéguez.
Seguimos en toda la visita al gran erudito D. Manuel Chamoso Lamas, en un gran trabajo realizado en 1934 sobre la iglesia, que en aquel momento estaba en ruinas. Él mismo dirigió años después su restauración. D. Manuel, natural de la parroquia de Moldes, descansa en el cementerio que circunda la iglesia.

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Coordenadas de situación de Boborás en Galicia. Amplíe el mapa y llegará a la Iglesia Románica de San Mamede de Moldes: 42.416743, -8.127735


Nota: Los textos en cursiva han sido extraídos del trabajo de Don Manuel Chamoso Lamas titulado: La Iglesia de los Templarios de San Mamed de Moldes. Publicado en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones y de la Sección Excursionista de la Facultad de Filosofía y Letras Arte - Arqueología – Historia. Año XLII. Segundo trimestre, Madrid, Junio de 1934. Pags. 122 a 138.



Pudimos acceder al interior de la iglesia en un día especial, ya que la iglesia permanece cerrada el resto del año. El 11 de junio, unos minutos antes de que se celebrara la misa que todos los años antecede e la entrega de los premios literarios Antón Losada Diéguez. Los premios se entregan anualmente desde 1985, convocados por los municipios de Boborás y O Carballiño, en dos categorías, creación literaria e investigación.
Ahora, les dejamos con las explicaciones de D. Manuel Chamoso Lamas, ya saben, en cursiva.
Consta de una sola nave de unos once metros de fondo por poco más de cinco de ancho, dimensiones que hacen resaltar perfectamente lo reducido del templo. Nada distrae en los muros, que se elevan a una altura de seis metros, excepto dos saeteras a cada lado, que dan al templo esa estructura defensiva que distingue a las construcciones románicas.
Al fondo de la nave el arco triunfal parece protestar con sus líneas esbeltas de la pesadez de los muros e impotencia luminosa de las saeteras, Es un arco ojival incipiente, lo que se llama un arco de medio punto roto y que señala exactamente la actividad cisterciense en sus comienzos.



Descansa (el arco triunfal) sobre columnas adosadas de proporción pesada, pero con hermosos capiteles decorados con hojas muy bien talladas. La base refuerza con garras un plinto bastante pesado. Sobre el arco se abre una saetera de las mismas dimensiones de las otras que distraen en la nave.





Aparece también en el muro, a la derecha del arco triunfal, una pequeña y tosca imagen que quiere representar a Santiago Apóstol, a juzgar por su traje de peregrino y el bordón que ostenta en una mano mientras en la otra sostiene un libro.



El ábside nada ofrece de interés en lo que se refiere a su descripción arquitectónica, excepto su forma rectangular. La cubrición es, como decíamos, de madera, caso singular que más bien puede atribuirse a un arcaismo tradicional que a pobreza, pues no lo demuestra el cuidado de ejecución de la portada y el minucioso labrado de la piedra en todo el templo.


A continuación se refiere D. Manuel a una serie de restos de pinturas que describe meticulosamente. Hemos de recordar que el trabajo del autor sobre la iglesia de Moldes tiene lugar en 1934. Hoy no quedan rastros de tales pinturas:
Nos referimos a los restos de pinturas que aún pueden apreciarse en el ábside. El abandono del templo y la humedad tan intensa en la comarca han hecho desaparecer la mayor parte de estas pinturas, pero aun perduran restos suficientes para comprobar que, no sólo el ábside, sino todo el muro que sostiene el arco triunfal, se hallaban decorados.



Adosada a la nave hay una capilla lateral construida, según reza en la inscripción que ostenta, en 1638, por el capitán Bartolomé Tizón y su mujer Doña Victoria de Luzón. Se aprecia en esta obra una buena mano.


Corresponde al puro estilo de la época en que el resurgir de las formas greco-romanas contrasta con la rudeza propia del románico empleado hasta muy tarde en la región, tanto, que puede decirse suprime, salvo casos aislados, al gótico.
Simula esta capilla al interior de la nave, una sencilla portada con dos pilastras que sostienen un entablamento, cuya cornisa muy volada, soporta a su vez, un frontón triangular en cuyo centro campean los escudos de los Tizones y Luzones.
Al interior ofrece la capilla un elemento de importante valor arquitectónico, que patentiza la habilidad práctica del maestro que la ejecutó, en la solución lograda a un difícil problema constructivo. Nos referimos a la cubrición de la capilla, que consiste en un techo totalmente plano, conseguido por cohesión únicamente de las muchas piedras que lo forman con una clave suspendida que ostenta gustoso decorado.





Aún se conserva el altar cuyas piedras nada ofrecen de interés, pero empotradas en el muro aparecen dos bajo relieves, antiguos restos del baldaquino que ostentaba la iglesia y que representan la Flagelación y a la Virgen de las Angustias con el cuerpo de Cristo en brazos.
Este elemento, tan frecuente en las iglesias del país, por el contrario de lo que en otros lugares ocurre, debió de ser colocado en el centro del ábside, pues las reducidas dimensiones de la iglesia no le permitirían adosar se a uno de los lados del arco triunfal, y cuando se llevaron a cabo las obras de la capilla de Tizón sería destruido y colocados sus restos en el lugar que hoy ocupan.



Para el estudio algo más detallado de las piezas de este baldaquino recurrimos a la obra: Baldaquinos Gallegos. Filgueira Valverde y Fernández-Oxea, 1987, pags. 139 y 140. En adelante, en cursiva también, las palabras de Filgueira y Fernández-Oxea. Los autores se refieren a la existencia de tres piezas, creemos que la tercera parte del baldaquino conservada aquí está situada detrás de los restos del retablo que hay en el altar de la capilla.
En la antigua iglesita románica de San Mamede, hoy restaurada, por iniciativa de Chamoso Lamas.
Dos dinteles, con arco conopial, y la mitad derecha de otro. Hoy, empotrados, en la capilla fundada por el Capitán Bartolomé Rodríguez Tizón y su esposa Doña Violante, en 1638. En ella está enterrado Losada Diéguez.
1º Flagelación del Señor, que, atado a una columna, separa las dos partes rebasando el vértice del arco, ciego. A cada lado, los sayones inclinados, según la curva del arco para azotar a Cristo. En los bordes, figuras con lanzas. La colocación de la figura de Cristo es análoga a la de la Virgen o San Sebastián en otros baldaquinos.




Marcas de canteros.


2º Descendimiento. Virgen de la Quinta Angustia con dos piadosos varones. A los extremos, figuras femeninas, una con un pomo (?) y otra con el cáliz. Al fondo, instrumentos de la Pasión y escalera.




Restos del retablo sobre el altar que creemos que cubren el baldaquino 3º: Fragmento del Juicio Final. Pantocrator, al centro. Ángeles con trompetas.


A modo de resumen y ya al final de su trabajo sobre la iglesia, D. Manuel Chamoso Lamas afirma:
De todo lo anterior se desprende que poseemos en la iglesia de San Mamed de Moldes, un monumento románico de gran interés, no sólo por ser un perfecto tipo de la construcción religiosa popular de la segunda mitad del XII, sino también por ser una muestra de la actividad de aquellos, primero poderosos y después tan perseguidos caballeros Templarios, que con tanto entusiasmo ayudaron a la reivindicación del territorio nacional.

Cae una hoja y es el momento de finalizar nuestra visita a la Iglesia Románica de San Mamede de Moldes, en Boborás.


Fin.


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